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¡Hay que prevenir la violencia y convivir en la diversidad!

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La paz se construye con esfuerzo y se la sostiene con justicia, equidad solidaridad y fundamentalmente libertad.

La buena convivencia se aprende en el seno de la familia y se la incorpora formalmente en la tarea educativa, eligiendo valores perdurables a través de la cultura.

Tenemos que razonar sobre la esencia del ser y enseñar a convivir y compartir, con respeto mutuo, los derechos y deberes de las personas en general. Respetar el sentido de libertad de todo ser viviente, que vaya mas allá de las diferencias ideológicas, porque compartimos el don majestuoso de la vida y tenemos la responsabilidad de cuidarla y preservarla.

Hay que evitar a ultranza los fanatismos, la injusticia, el crimen, el odio, la mentira y la intolerancia…, debemos aceptar al otro como es, no como quisiéramos que sea.

Todos somos hojas de un mismo árbol, que es la humanidad. Amamos y queremos a nuestros padres, hijos, hermanos, amigos y a la patria que nos prodigó de sustento y abrigo. Entonces, ¿por qué podemos creer que otras personas podrían amar menos que nosotros mismos a nuestro país, que nos vio nacer? Pensar de esa manera no tiene sustento racional y es un soberano despropósito.

El impulso que amalgama un solo sentimiento es el amor y la compasión, que en el imaginario colectivo es un ser supremo que solo puede ser Dios, pero que no debía estar representado por la imagen de un señor de barba blanca y tez blanca, porque el sentimiento del amor no tiene rostro, solo tiene corazón…, y es por eso que debemos buscar unirnos y que no sea por las caretas, que se cambian y transforman, en cambio el corazón no se modifica y su latir es uniforme, salvo cuando nos asustamos, este se estremece, y si es permanente, solo sangrará en silencio.

Evitemos el sacrificio del dolor y del miedo y encontremos entre todos el equilibrio y la paz que necesitamos para cumplir las metas de edificar una patria grande.