Opinión

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Hazmerreír

Alejandro Arana Jáuregui 26/3/2021 09:03

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El famoso cuento danés “El traje nuevo del emperador”, relata la historia de un rey vanidoso y obsesionado por su vestuario, quien un día cae víctima del engaño de dos charlatanes que, pretendiendo ser sastres, ofrecen confeccionarle un traje hecho de una tela tan fina y maravillosa que era invisible ante los ojos de los necios y quienes no eran dignos de sus cargos. Encantado con la idea, encargó la prenda, pero cuando llegó el día en que ésta estuvo supuestamente terminada, ni él ni ninguno de sus criados pudieron verla. Temiendo que la gente se riese al comprobar que no era lo suficientemente inteligente, el soberano fingió ver el vestido. No conforme con ello, decidió lucirlo en público y frente a sus súbditos, quienes por temor de ofender al rey o de ser considerados tontos, simularon verlo. La vergonzosa escena continuó hasta que un niño entre la multitud vio al monarca y exclamó “Pero si está desnudo” desatando las risas y burlas de todos los presentes.

Como se verá más adelante, dicha fábula ejemplifica muy bien la actualidad política del país. Sin embargo, para una mejor comprensión de esta, es necesario remontarnos primero a finales del año 2019. En aquel tiempo, nuestro país se hallaba sumergido en una profunda crisis política y social, cuya génesis se remonta al año 2016 cuando, violando la constitución y la voluntad popular expresada en el referéndum del 21 de febrero del mismo año, el expresidente Morales decide postularse ilegalmente a un cuarto mandato. No obstante, la gota que derramó el vaso fue el fraude electoral descubierto por expertos informáticos y confirmado por un lapidario informe con carácter vinculante por parte de la OEA, circunstancias de las cuales fuimos testigos todos, incluyendo la prensa y la comunidad internacional. A raíz de lo anterior, la ciudadanía inundó las calles para protestar exigiendo, primeramente, nuevas elecciones y posteriormente la renuncia del presidente.

Ante las irrefutables pruebas de manipulación electoral y la incesante presión social por parte de todos los sectores de la población incluyendo: la COB, iglesia, ejército, policía, comités cívicos, etc., tanto Morales como sus principales colaboradores hicieron públicas las renuncias a sus cargos. Para evitar prolongar el consiguiente vacío de poder que se generó, y luego de arduas negociaciones entre los principales actores políticos y religiosos, es que el 12 de noviembre de 2019 y respetando la sucesión presidencial, Jeanine Añez asumió como presidente constitucional del Estado, situación que fue legitimada por el Tribunal Constitucional Plurinacional. Similar a la disforia de género, que es la condición por la cual una persona se identifica con un género distinto al sexo biológico, el gobierno pareciera sufrir en la actualidad de una disforia política, al autopercibirse como víctimas de un golpe, a pesar de que todas las evidencian demuestren lo contrario. No obstante que los hechos anteriormente descritos son de público conocimiento y que su carácter constitucional fuera reconocido en su momento por la propia jerarquía masista, incluida la Asamblea Plurinacional y el presidente Arce, hoy algunos pretenden reescribir la historia cubriendo al gobierno interino con el manto invisible de un ficticio golpe de estado que esperan pueda ser visto por la opinión pública. Sin duda que tamaña aspiración resultará infructuosa puesto que, tal como en el cuento del rey, solo aquellos verdaderamente torpes o los vasallos más sometidos podrían ver algo que nunca existió.

Por lo mismo, si no se despojan pronto de la tesis del golpe, tejida con hilos de mentiras y medias verdades, y se cubren con la capa de la verdad histórica, corren el riesgo de convertirse en el hazme reír de la comunidad internacional.

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