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OPINIÓN

Hipótesis sobre el futuro del mundo

5/5/2020 03:00

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Marcelo Zabalaga Estrada, ex director del Banco Central de Bolivia

 Antecedentes. Para elaborar una hipótesis de lo que podría esperarnos en el futuro, a nivel global, he echado mano al viejo dicho que reza: “no todo lo que brilla es oro”, que alude, en nuestro caso a las pantallas que se nos presentan, muchas veces superpuestas, para ocultar los verdaderos propósitos detrás de las apariencias. Conste que puede haber muchos velos, uno detrás de otro.
Es así que hemos llegado a constatar que en ningún área del quehacer humano, eso es más cierto que en la política y sobre todo en la política global.

Entiéndase con ello la permanente preocupación que tienen las grandes corporaciones y élites de este mundo en mantener: a) tanto la coherencia de lo que se nos han estado contando, durante décadas, que son las circunstancias globales de la política mundial, b) como la lógica interna de las orientaciones de las políticas nacionales, para que parezcan de izquierda o de derecha, según el tipo de gobierno consentido.

Ya han pasado los años de la Guerra Fría, en la que parecía que la confrontación entre la civilización occidental y el comunismo era el pivote de todas las preguntas y de todas las respuestas. Hoy, 30 años después de la “caída del comunismo”, hay nuevas realidades, que obligan a atar cabos y tratar de explicarnos la realidad detrás de tanta apariencia (la guerra al terrorismo, la guerra a las drogas, el conflicto EEUU contra Rusia y China, el precio del petróleo, el corona virus, etc.)

Para aterrizar en el conjunto de elementos que conforman la hipótesis a la que nos referimos en el título, hemos tenido que echar mano a algunos hitos que nos han servido de premisas: 

1.Hace tres años, poco después de llegar a la Presidencia de EEUU, Trump instruyó a la NASA intensificar la búsqueda de planetas, a los que la humanidad pudiera viajar y, eventualmente, establecerse. Marcó incluso plazo, señalando que la NASA tenía hasta el 2030 para lograrlo. 

Sin explicitarlo, fue la única declaración más o menos “ecológica” de su período presidencial, pues el resto de sus afirmaciones han sido un conjunto de despropósitos en cuanto al cuidado de la Tierra y el medio ambiente, o, al menos, eso es lo que el actual presidente de Estados Unidos ha tratado de hacernos creer con su estilo de gobernar, lleno de exabruptos, como parte de sus velos para gobernar desde el lado menos amable de la realpolitik. 

Sin embargo, esa orden dejó traslucir una preocupación largamente compartida por una serie de personas notables, como Stephan Hawking, quien se atrevió a señalar en cuanto tiempo el planeta Tierra se recalentaría al punto de hacerse inhabitable. En 2017 dio un plazo de 80 años. Posteriormente, antes de fallecer en marzo de 2018, se expresó de manera más benévola, señalando que en 500 años el planeta Tierra sería una bola incandescente. 

De todas maneras, todas las predicciones hechas desde el Club de Roma, en 1968, han señalado que los habitantes de la Tierra deberíamos tomar conciencia de que hay plazos e incluso años de inflexión, algunos de los cuales ya habrían sido sobrepasados, por lo cual deben ser desarrollados programas muy agresivos de contención de la contaminación del planeta (disminuir el calentamiento, disminuir las emisiones de carbono, disminuir en los hechos, el consumo en general) y velar activamente por las labores de mitigación. 

2. Hace 21 años, en 1999, la escritora Susan Georges, escribió un libro sumamente revelador, El Informe Lugano, en el que plantea como trama, el resultado del estudio de un “grupo de expertos”, que habría recibido el encargo, de los grupos de poder mundial, de sugerir las formas por las cuales el capitalismo, como era conocido a fines del siglo XX, podría perpetuarse como sistema. 

La conclusión del libro es que, la única forma de perpetuar el sistema capitalista es reducir la población a no más de 5.000 millones de habitantes, pues la tierra no tendría capacidad de sostener a más personas. Por lo tanto, se trataría de reducir la población a esa cantidad. A fines del siglo pasado ya habíamos pasado los 6.000 millones de habitantes (y a la fecha se estima que bordeamos los 7.800 millones de personas). Por lo tanto, según los escenarios de ese “grupo de expertos”, había que incentivar las guerras en el sud y lanzar epidemias de modo que la población se reduzca al tamaño ideal, implantando, por otra parte, el más absoluto control de natalidad. 

En ese tiempo, el libro fue un vendaval, pero no tanto como hubiera merecido.
Unos años después lanzó su segundo libro, El Informe Lugano II, donde especula acerca del tipo de gobierno mundial que debería prevalecer para hacer los cambios que plantea del primer libro. Sugiere que la forma de gobierno para llevar adelante el proyecto del primer Informe, debería ser una democracia que convenza a la gente acerca de la necesidad de los cambios, sin poner en duda la validez del capitalismo. 

3. El año 2010 se lanzó en cartelera la película 2012, que consistía en mostrar las decisiones que debería tomar la humanidad frente al descentramiento del eje de la Tierra, que estaba provocando inundaciones catastróficas, hundimiento de casi todos los continentes y resurgimiento de nuevos. Se mostraba que unos años antes de la catástrofe, se habría tomado la decisión de construir 12 naves gigantescas, con capacidad de un millón de personas cada una, en la cual se embarcaría la población, previamente elegida para sobrevivir, entre gente importante y gente con capacidad de pagar los varios millones de dólares que costaba cada pasaje. 

La película muestra, que el único país, con capacidad de construir esas naves era China y nos presenta el tipo de pasajero que se habría embarcado en cada una de esas naves: personajes ilustres, gobernantes de los países desarrollados, científicos y la crema y nata de cada sociedad mundial. 

El solo argumento de presentar a la China en el escenario mundial y mostrarla como un país viabilizador de soluciones, que responde a su verdadera filosofía política, nos hizo pensar en que la China ya había elegido su rol, que no era ni será otro que el de permitir el encuentro de soluciones para nuestro planeta, en todos los órdenes. No nos olvidemos que el primer país que puso en pie un verdadero programa de contención de población fue la China, cuando en 1979 dispuso la prohibición de que los hogares tengan más de un hijo(a).

Hipótesis. Estas tres pistas, más varias de las que están apareciendo en la casi traumatizante actualidad que nos está tocando vivir, nos han permitido elaborar una descarnada hipótesis multivariable de lo que está pasando y esbozar el tipo de mundo del futuro. 

Primero, las grandes corporaciones y las pocas familias que tiene la mayor parte de la riqueza del planeta se habrían percatado, vía NASA y otros estudios, que no podremos trasladarnos a otros planetas habitables, antes que la Tierra sea destruida por nuestro actual sistema de vida. Estudios muestran que, si todos viviéramos y consumiéramos como en EE UU, necesitaríamos el equivalente a 5 Tierras. Por lo tanto, los grupos de poder, al parecer, habrían pedido a sus gobiernos e instituciones, buscar salidas para seguir viviendo en la Tierra, hasta que, suponemos, a) ya sea la tecnología aeroespacial y nuestro conocimiento del Universo permita que los seres humanos (los que puedan pagarse los pasajes) vayan a poblar otros mundos, probablemente en otras galaxias o, b) ya sea que la racionalidad del ser humano en su conjunto nos permita vivir en la Tierra por siempre. 

Segundo, como en la película 2012, en la que la China se ofreció a ser la encargada de la construcción de las “naves”, en este caso, este país ha aceptado jugar el papel (bastante ingrato y a la vez noble) de ser el originador del virus “más contagioso y mortífero de los conocidos”, para iniciar el cambio hacia otro tipo de mundo. 

La verdad es que este virus no es el más mortífero de los conocidos, pues muchas otras enfermedades o eventos (incluso accidentes en carretera) han mostrado ser más mortíferos, pero éste aparenta ser el más contagioso. Por lo tanto, con sus características y sus soluciones transitorias (cuarentenas, distancia social, etc.) más la amenaza de una crisis económica sin precedente y los medios de comunicación a su servicio, nos están encarrilando a aceptar soluciones que viabilicen el nuevo mundo. 

Tercero, el nuevo mundo que estaría en trance de ver la luz, no gestado, pues es más que seguro que su gestación e incubación ya se han producido, al menos, desde 2015, podría estar compuesto de las siguientes características:
a. Un mundo, donde el eje articulador global ya no será un solo país o una cultura, sino un gobierno multipolar: EEUU, de todas maneras, además de China y Rusia, o EEUU, Europa y Eurasia (Rusia y China). El resto pasaría a un segundo plano. Esta negociación, se supone, ya habría sido realizada, ya sea repartiéndose el mundo, o sustituyendo las guerras de influencia, por una especie de convivencia pacífica entre esas fuerzas planetarias. Esto no quita que tendrán que mantener las apariencias, con sofismas de diverso orden, durante mucho tiempo o hasta el final de la Tierra, si se da algún momento. 

b. Un mundo menos contaminador, por lo tanto, con menos vehículos, menos fábricas y menos consumo en general, por lo tanto, menos costoso que el mundo desarrollado actual, donde podrían encontrar carta de ciudadanía, incluso, criterios o filosofías como el del “buen vivir” boliviano, que significa que satisfagamos nuestras necesidades sociales y personales con un menor gasto. Por lo tanto, el desarrollo sin medida tendrá que ser desacreditado, debiendo el mundo desarrollado ir reduciendo paulatinamente su calidad de vida.

En este punto, suponemos que ya se ha debido tomar decisiones sobre los sectores y las empresas que sobrevivirán produciendo menos, por lo cual: o se contratará menos personal, o se tendrá que rebajar los salarios, puesto que el mundo, tal como lo conocemos, no podría sobrevivir con la misma capacidad de gasto. 

Un escenario plausible es que los hogares dispongan de la mitad de los ingresos familiares, para que nuestro gasto cotidiano “sólo” afecte al 50% de lo que actualmente es afectado el planeta. Asimismo, se deberá inviabilizar actividades muy contaminantes y, sobre todo, reducir la emisión de CO2. 

 c. Un mundo donde el trabajo digital vaya tomando un lugar cada vez más predominante, es decir, si posible, con muy pocos desplazamientos. Existiría, eventualmente, una tendencia a reconocer y valorizar la economía popular o informal, dado que las personas pueden crear sus propios empleos, sin mayor costo económico público o privado, ni social, en comparación a las empresas medianas o grandes. 

d. Continuación de amenazas a la salud, que probablemente, sean las que afecten a los mayores (virus con tasas de prevalencia entre los mayores) y, todavía, con una alta mortalidad entre los pobres, pues representamos una amenaza para las finanzas públicas y porque los pobres somos muy prolíficos y difíciles de organizar.

Por otra parte, se adoptará como cultura general en las familias un severo control de natalidad y reducción de gastos, debiendo proyectarse a futuro, por otra parte, el nuevo arquetipo del individuo social, que podría ser, por ejemplo, el de personas de ambos sexos, solas, cuyo éxito ya no dependerá de ganar dinero, ni de tener familia, sino de ser útil y solidario con su sociedad.

e. Imaginamos que muchos bienes y servicios apetecidos por la población, como contar con vivienda propia, ir de vacaciones u otros, serán resueltos por cada país, de acuerdo a su idiosincrasia o después de acuerdos entre las fuerzas sociales. O se crearán, por ejemplo, para vacaciones de las familias, sistemas como el IMSERSO en España o el de las Aldeas Vacacionales en Cuba o los hoteles de los sistemas de Retiro y Cesantía en Colombia, donde se la pasa bien, pero con gastos moderados. 

 f. Se supone que, para hacer todo esto viable y, en corto tiempo, los líderes de las sociedades nacionales deberán conocer parte del propósito de este cambio de ejes articuladores y ser conscientes de que el bien mayor es preservar la vida y el planeta, aunque sea en condiciones modestas desde el punto de vista del ingreso y del gasto. Las personas y las familias deberán ser inducidas a aprender varias nuevas formas de vivir y, sobre todo, justificarlo: “quedarse en casa es más prudente que salir”, “cuidando el dinero, nos alcanza”, “es mejor no endeudarse”, etc. 

Es claro que las modulaciones de las nuevas sociedades tendrán efectos e impactos diferenciados entre los países, pues no dejará de haber injusticias e imperialismos de diverso tipo, pero es algo que los medios de comunicación, los organismos de financiamiento y finalmente, las fuerzas del orden velarán para facilitar su general adopción. 

Corolario. Es probable que este futuro, o algo parecido, ya haya sido discutido y compartido desde hace años entre los líderes, visibles y no visibles, del planeta, entre los cuales sobresale Bill Gates, que está entre los ricos amables, con grandes inversiones para paliar la pandemia que hoy nos toca vivir, para reducir la pobreza y encontrar nuevas fuentes de producción de energía para llegar al cero de incremento del CO2. Del mismo, es probable que el Papa Francisco esté al corriente de esta perspectiva y ya se haya reunido con los grupos de poder para hacer un ajuste más “humano” al nuevo modelo por venir. 

Es también probable que, en el Sur, a los gobiernos u opciones de serlo, les tocará debatir muy ceñidamente sobre este probable futuro, para orientar a sus poblaciones y a las decisiones sobre sus economías. Los podrán orientar las reflexiones de un grupo de 170 académicos holandeses, que acaban de lanzar un Manifiesto, que adjuntamos en anexo.

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