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Homenaje a la mujer oriental en la Guerra del Chaco

Carlos Dabdoub Arrien 13/6/2021 05:00

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Cuando en este 11 de junio se recuerdan 86 años del fin de la guerra del Chaco, librada entre 1932 y 1935, surgen a menudo artículos de prensa o comentarios que narran la valentía de los hombres que defendieron la patria en el campo de batalla, y no es para menos, pues los libros mencionan a más de 50.000 compatriotas muertos en las arenas calientes de aquel territorio en conflicto. No por nada algunos la apuntan como la guerra más importante en Sudamérica durante el siglo XX. Sin embargo, pocas referencias hacen mención a las mujeres durante esta contienda bélica. Este artículo que escribo es un sentido homenaje a cada una de ellas.

Esta guerra planteó un escenario en el que las mujeres tuvieron que desempeñar roles protagónicos, forzadas por la ausencia cada vez más frecuente de quienes partían hacia el Chaco. Ellas tuvieron que ocupar los espacios vacantes y transformarse en todos los casos en jefas del hogar, asumiendo la responsabilidad de la manutención de sus familias o cuidando los sembradíos del campo. Asimismo, ingresaron en varios ámbitos laborales a los que no accedían en el pasado o consolidaron algunas áreas ya ganadas anteriormente, como la educación y la salud. También se convirtieron en obreras, mineras, empleadas domésticas y de casas comerciales, secretarias, e inclusive trabajadoras en la industria de la construcción (L. Oporto, 2001).

En Santa Cruz se crearon grupos de voluntarias, como las “Madrinas de Guerra” o la “Liga Filial del Progreso”, integradas por mujeres jóvenes y ancianas, de todas las clases sociales. Su apoyo no sólo fue restringido al espacio logístico, sino que también ingresaron en el campo político, organizando y financiando charlas y propaganda explicativa de los derechos de Bolivia sobre el Chaco. Cada una de ellas apadrinaba a uno o más soldados en el frente de batalla, enviándoles uniformes, medicamentos, botas, etcétera. También se encargaban de apoyarles moralmente, escribirle cartas y velando por la estabilidad de la familia de los combatientes. Incluso, en la navidad de 1932, llegaron hasta la primera línea de fuego, donde se estaba librando la defensa de “El Condado” y “Cañada Strongest”, llevando toneladas de carga, conteniendo obsequios y vituallas.

De igual modo sucedió con las mujeres benianas que participaron activamente en esta contienda, no sólo apoyando a sus ahijados adoptivos y madres de éstos, sino también reemplazando a los hombres ausentes en las sementeras y establecimientos agroindustriales. Muchas de ellas también partieron a la guerra de la mano de sus esposos. Eran llamadas “soldaderas”. Vestían pantalón kaki y mochila al hombro y seguramente no faltaron quienes tomaron el fusil o la ametralladora para reemplazar a los caídos. Otras ayudaron a rescatar de la muerte a los combatientes heridos y con su apostolado llegaron como enfermeras a la misma línea de fuego.

Entre estas valerosas mujeres orientales, también se menciona a Rosita Aponte Moreno, una cruceña que formó parte del Servicio Secreto Boliviano. Por ser muy hermosa, inteligente y valiente la llamaban la “Mata Hari” camba que formó parte del Servicio Secreto Boliviano (SSB). Participó de varias misiones, infiltrándose en el ejército paraguayo donde recabó una rica información que sirvió para evitar una serie de ataques sorpresas a las fuerzas militares bolivianas y descubrir espías en territorio boliviano.

Estos relatos son apenas un esbozo de la valentía y pasión de la mujer por el terruño y la patria grande. Y no son ninguna excepción. Recordemos a Ignacia Zeballos o Flora Salas, verdaderas heroínas cruceñas, que destacaron en la guerra del Pacífico y del Acre, respectivamente. Todas ellas representan a la “otra cara de la Luna, la mitad invisible de la historia”, como bien lo dice L. Vitales (1987).

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