Opinión

Identidad nacional frente a la tendencia chauvinista

José Luis Santistevan/Profesor universitario, Abogado

Escucha esta nota aquí

La identidad nacional es una respuesta a una necesidad existencial de los individuos que otorga orientación y un punto de referencia cotidiano, un sentido y un sentimiento de pertenencia común, nunca es plena y eso moviliza nuestro deseo por construir una identidad nacional de carácter esencial que nos entregue una clara imagen de quiénes y cómo somos, que nos otorgue una autocomprensión en la que podamos encontrar seguridad y estabilidad, así como sentido de pertenencia.

 Durante los últimos 15 años desde el inicio del Gobierno de Evo Morales, la élite masista capitaliza las características del campesino, indígena, originario, con quienes establece una relación de jerarquía y obediencia, que les permite representatividad sectorial con el populismo, provocando un quiebre de la estructura nacional a través de una “ideología criminal foránea”, “el sectarismo partidista”, “el antagonismo entre las clases sociales” y la influencia de una “cultura de dominación cocalera”, que amenazan a la seguridad, identidad y soberanía nacional.

El actual Gobierno que añora la cultura prehispánica, involucra traumas y fantasías colectivas operando sicológicamente en el nivel subconsciente causando daños mentales a los campesinos y gente de escaso conocimiento cultural, capitalizando su relativo rasgo conservador basado en una ontología social esencialista.
Para frenar ese quiebre político-social divisionista y perverso, los ciudadanos deben sustentar ciertos “códigos base”, dejándoles en claro a los gobernantes que la figura de un “boliviano verdadero” moderno, es aquel perteneciente a una “raza” boliviana mestiza, aquel que comparte los valores y tradiciones de “la bolivianidad”, contrario a la figura del falso boliviano, aquella que describe: o a un cobarde, o a un sujeto ideologizado cuyo afán político sometido a ideologías foráneas está desarraigado de las tradiciones y valores patrios.
Algo fundamental para el país es desarrollar el “nacionalismo”, pero este debe ser sin “exclusiones indeseables”. Pero, ¿cuáles son los límites de este nacionalismo que uno podría llamar inclusivo, razonable y no chauvinista? Debe basarse en “un claro discernimiento de que Bolivia y sus intereses están primeros.” Como ciudadanos estamos convencidos que “por la Patria hay que estar dispuesto a dar la vida, y ello no significa morir por ella”, se trata de una “renunciación diaria a cuotas de privilegio”, de “rechazo al propio yo” y a las “visiones mezquinamente corporativas o institucionales dogmáticamente cerradas”.

Por último, el vicepresidente, antes de invocar a los incas, debe identificar la realidad antropológica y lingüística de las naciones precolombinas, partiendo de la diferencia entre pueblos milenarios y centenarios, así como las diferencias geográficas y geopolíticas, por tanto, esa terrible ignorancia confronta y hasta se constituye en un peligro para la actual nación boliviana que está cerca al bicentenario como república. Por ello, el amor a lo propio y el odio al intervencionismo criollo y foráneo, van a adquirir importancia en la lucha política y social en el país, cuyo principal protagonista será el ciudadano en las calles que aspira a vivir con soberanía y en libertad. “Miserable de espíritu, aquel que traiciona a su Patria por unas monedas en la oscuridad”.

Comentarios