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Ideologías con prácticas indeseables

Freddy Pando Villalta 26/3/2021 05:00

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Hasta la llegada del MAS con la figura de Evo y hoy continuada con otros actores, la noción de racismo y discriminación estaba lo suficientemente desterrada y su práctica diluida, aunque no extinguida. En el caso Bolivia, la diáspora de occidente a oriente (esencialmente a Santa Cruz) pudo haber contribuido a superar actitudes discriminatorias, pero en el cruceño también habría causa para haberlo logrado por un “racismo” más de boca para afuera que por convicción ideológica (asunto largo de discutir o explicar, que tampoco es actual objetivo), dicho como preámbulo contextual de pronto necesario pero que no evita generalizaciones indeseadas.

Simplemente concentrémonos en nuestro hoy y ese hoy, cuando es narrado por autoridades que repiten que tal o cual lío es por culpa de que unos (ellos) son indígenas o de piel más oscura (consumando su victimización) y concluyen, con esa suerte de sostén moral, que esa es la razón para que una expresidente sea apresada, deriva en un absurdo que desnuda el vaciamiento de sus postulados, exponiendo casi como virtud la ignorancia o imbecilidad de sus intérpretes que se pasean por los medios repitiendo la escena: capítulo aparte de nuevo probar que nuestros periodistas (la mayoría) sufren de una irritante incapacidad de interpelación, apenas mojones sosteniendo un micrófono (una entrevista no necesita de ardides para ser aceptable y ni a eso se llega).

La táctica de esta izquierda debería provocar dudas ideológicas y deserción en sus filas: en su aparente afán de abolir lo que ataca (las diferencias de raza, etc.), lo reinstala y exacerba. Y es perversa al nutrirse del odio generado: la comprensión de la realidad se vicia al reducirse a la lucha entre claros y oscuros y, por ejemplo, se emplea para calificar de golpe a la protesta boliviana más masiva y épica de su historia que obligó a la renuncia de gobernantes infames, violadores de un referendo y tahúres electorales.

Hasta el MAS, tampoco estábamos seguros si la derecha era peor que la izquierda y si finalmente pertenecíamos a alguna de esas categorías, pero para sus fines hoy es conveniente que esa división exista y mejor si se vuelve grieta.

Mientras, escuchar a un dirigente suyo en ese ejercicio resulta lo verdaderamente insoportable: la indecencia y el cinismo son un precio demasiado alto para seguir costeándolo sin, al menos, apuntarlo con el dedo.



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