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Idiotas a sueldo

Juan José Toro M 8/4/2021 05:00

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Umberto Eco fue uno de los primeros en advertir el peligro que representaban las redes sociales que “le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas”.

Pero quien le puso más claridad al asunto fue Alejandro González Iñárritu al señalar que “las redes sociales son el regreso a la Edad Media”.

Y sí… es volver a esos tiempos en los que las supersticiones estaban por encima de la ciencia y, sobre todo, una mentira era tenida por verdad a fuerza de repetirse.

Ahora, gracias a las redes, mentir o calumniar son tareas sencillas. Se puede comprar chips de telefonía móvil a precios irrisorios y crear cuentas con las cuales se puede falsificar conversaciones entre dos y más celulares. Luego se les hace una captura de pantalla y se divulga la imagen para que las “legiones de idiotas” crean que las conversaciones son ciertas y las reproduzcan a su vez. Así se falseó conversaciones calumniando al alcalde electo de Potosí, Jhonny Llally.

Una de las más risibles es una falsa conversación de Álvaro García en la que el exvicepresidente supuestamente instruía cortar gasolina, alimentos y agua durante los sucesos de noviembre de 2019. El falsificador puso como nombre el de “Álvaro Linera” pero las “legiones de idiotas” no se dieron cuenta del error y lo siguen compartiendo hasta hoy.

Al volver a Bolivia me enteré que varios periodistas fueron acusados de haber sido beneficiados con contratos del Gobierno de Jeanine Áñez. La supuesta noticia se publicó en tres medios estatales, la Agencia Boliviana de Informaciones, el diario Bolivia, la red televisiva Bolivia TV y la paraestatal red ATB. Pero si el hecho de que estos cuatro medios tienen tendencia fuera insuficiente, algo que no podía pasar desapercibido para ningún periodista es que ninguna de las notas tenía contraparte; es decir, la versión de los acusados.

Cuando se quiere perjudicar a alguien, se publican las denuncias en su contra, pero no su defensa, y eso no es periodismo sino que, por el contrario, ingresa en el terreno de los delitos contra el honor.

Entonces, las publicaciones no eran periodismo sino una clara campaña de difamación que, de inmediato, fue reproducida en las redes sociales. La herramienta más usada fue Facebook, en la que también es sencillo crear cuentas falsas.

Una de las afectadas, Nancy Vacaflor, me dijo algo más: que había hecho seguimiento a muchas de esas cuentas y se dio cuenta que estas permanecían activas en horario de oficina. En el feriado de Semana Santa dejaron de usarse.

Entonces, no solo estamos hablando de “legiones de idiotas” sino de personas que se dedican a difamar y calumniar en horario laboral. Eso permite suponer que cobran un salario por hacer lo que hacen y eso los convierte en delincuentes a sueldo.

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