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Iglesias, derechos humanos y justicia

Lupe Cajías 26/3/2021 05:00

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En los últimos días, voceros y dirigentes del Movimiento Al Socialismo (MAS) vuelven a hostigar, a amenazar y a intentar descalificar el trabajo de las iglesias cristianas en Bolivia, principalmente el de la Iglesia católica. Se replica una práctica común de la anterior gestión gubernamental del MAS.

Los argumentos son reiterativos, parecen poco reflexivos, incluso entre intelectuales de otros países, donde ha llegado la amplificación de ese discurso. Se remontan a la presencia de los sacerdotes durante la conquista y la colonia, al rol de los inquisidores hace 500 años y a una visión de la Iglesia relacionada con el poder político. La tendencia parece reforzar los discursos binarios simplistas. El coro general continúa hasta la saciedad.

Sin embargo, se expresa un desconocimiento general del rol histórico de los evangelizadores del siglo XVI, sus varias coincidencias y múltiples diferencias, así como las labores ejercidas por aquellos en la salud pública, la artesanía, la educación y las artes.

Tampoco se nombra la presencia tan notable de sacerdotes y conventos en las rebeliones independentistas, desde el norte con el padre Morelos, que marca la fecha cívica mexicana, hasta el cura Muñecas, en Bolivia.

Asimismo, es importante recordar el rol de las iglesias, principalmente la católica, en la defensa de los derechos humanos en los últimos 70 años. Sería oportuno que los masistas palaciegos conozcan nuestra propia historia, como bien quiso recordarles Filemón Escóbar con su texto sobre ese tema.

Fueron sacerdotes y monjas los que protegieron a los perseguidos, torturados y exiliados durante el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR); el partido que inició la represión sistemática y creó campos de concentración y controles políticos.

Durante las dictaduras militares -especialmente en el periodo de implementación del Plan Cóndor-, la labor de la Iglesia católica (además de la metodista, luterana, baptista y otras) fue fundamental para defender los derechos humanos en Bolivia y la región. No solo fueron personas voluntarias que asumieron esa difícil tarea, sino iniciativas colectivas.

¿Cómo olvidar que las Comunidades Eclesiásticas de Base ayudaron en toda América Latina a proteger a las poblaciones más agredidas? ¿Cómo olvidar a la recientemente fallecida Dianna Ortiz, una monja torturada por la dictadura guatemalteca en 1989, quien no se cansó de denunciar los alcances de su sufrimiento, como violaciones o el encierro en fosas de muertos, mientras ella aún respiraba? ¿Cómo olvidar su lucha por hacer justicia?

En Bolivia, cabe recordar que Justicia y Paz, embrión de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, es obra de los católicos. También, es preciso mencionar que la Pastoral Penitenciaria es la única entidad que visita sistemáticamente las cárceles, enfrentando clanes mafiosos y denunciando los abusos a los presos más indefensos.

¿Se habrán olvidado líderes de Chapare que monjas, sacerdotes, laicos y pastorales denunciaron en su momento los abusos de la DEA que sufrieron los propios cocaleros?

¿O será que el olvido inicia cuando se sienten cuestionados por representantes de las iglesias, como Tito Solari, el padre Mateo y ahora Amparo Carvajal, quien debe soportar diariamente el hostigamiento de simpatizantes del MAS, solo por reprochar la desmedida ambición de poder de su máximo líder?

Mientras tanto, el entorno palaciego oficialista se llena la boca de supuestos recordatorios de Luis Espinal. Pero parecen olvidar que él fue un sacerdote jesuita, quien, como otros representantes de la Iglesia, ha luchado por los derechos humanos y la justicia. ¿Será esto último lo que incomoda a sectores del MAS?



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