15 de octubre de 2023, 13:12 PM
15 de octubre de 2023, 13:12 PM

Hace algunas semanas vi un programa de TV muy interesante que mostraba las regiones del mundo donde existen las personas más longevas. Particularmente me llamó la atención la historia de Okinawa, una ciudad, en Japón, donde existe una concentración de centenarios muy grande. Entre las explicaciones para esta longevidad, por supuesto, está la dieta, los ejercicios, pero, particularmente, me pareció muy relevante que, el hecho que muchos pasen de los 100 años, se explique porque todos ellos practican la filosofía japonesa conocida como el ikigai.

El ikigai es la razón de ser de cada persona, aquello que le da sentido y motivación a la vida. Se representa el ikigai con un diagrama muestra la intersección de cuatro elementos interconectados:

Lo que amas (): Este componente se relaciona con las pasiones más profundas del corazón. Representa la búsqueda vehemente de actividades que encienden la llama de la alegría y la satisfacción personal. Lo que te motiva a levantarte todos los días con energía.

Lo que eres bueno haciendo (): Aquí encontramos las destrezas y habilidades que las personas tienen. Por lo tanto, se trata de cultivar talentos y competencias que se traduzcan en maestría, arte y satisfacción en lo que uno hace.

Lo que el mundo necesita (需要): Esta dimensión involucra la consideración del impacto en la comunidad y la sociedad en su conjunto que uno puede tener. El Ikigai se nutre al contribuir de manera significativa a la mejora del mundo, cumpliendo con un propósito altruista.

Lo que puedes obtener a cambio (報酬): Finalmente, no se debe subestimar la necesidad de recibir reconocimiento y recompensa por lo que uno hace. Esto impulsa la gratificación personal y puede ser una fuente de estabilidad en la vida.

La intersección de estos cuatro componentes, representada en el punto donde se encuentran, es el Ikigai. En esencia, Ikigai es un recordatorio de que la vida plena y significativa se encuentra en la búsqueda constante de este equilibrio entre pasión, habilidad, propósito y recompensa. Es un viaje personal y, a menudo, una búsqueda de toda la vida en la que uno puede encontrar un sentido profundo en cada momento y actividad.

Cada cierto periodo de tiempo, todo ser humano debería parar, reflexionar y aplicar un ikigai a su vida. ¿Pero será posible utilizar esta filosofía para motivar u orientar el destino de un país?

Si. ¿Por qué no? Dado que, se avecina que Bolivia va a cumplir 200 años, creo que es una oportunidad única aplicar el ikigai a nuestra nación como una forma de pensar diferente en nuestros desafíos y oportunidades, como una manera de salir de la zona de confort colectiva en el que fuimos adormecidos por la cantaleta del proceso de cambio. Deberíamos encarar el Bicentenario como una enorme oportunidad para dejar atrás varios lastres, a saber: el patrón de desarrollo primario exportador - rentista, la sociedad polarizada y enfrentada y el sistema político envenenado por el populismo de derecha e izquierda. Así que los invito a reflexionar, colectivamente, sobre un ikigai aterrizado en nuestra querida Bolivia.

Para ello es fundamental darse un tiempo para la reflexión y la meditación, para evaluar el pasado y proyectarnos al futuro. Imagínese Bolivia sentada en unos picos más altos de sus montañas u observando el mar verde de nuestra amazonia. Para pensar con el corazón, es necesario elevarse sobre el torbellino de miseria humana que caracteriza a la política boliviana en la coyuntura actual.

¿Cómo puede aplicarse el ikigai a nivel nacional? Creo que hay varias formas de hacerlo. Aquí una idea y lo desafío que Usted también lo haga.

Descubrir lo que amamos: En Bolivia, se podría fomentar la pasión por la democracia, la libertad, la igualdad y el emprendimiento. Promover, desde la educación, la sociedad,  la empresa, la política, el sistema de justicia y la familia, de manera intensa esta visión, así contribuiremos a construir un mejor país.

Lo que el mundo necesita: En el contexto de Bolivia, el énfasis podría estar en comprender las necesidades específicas de la sociedad. Nuestro mundo necesita paz, menos pobreza, empleos de calidad, cuidado de la casa común, mejor distribución de la riqueza y mayor producción. Por ejemplo, Bolivia podría contribuir la descarbonización del mundo y a unas relaciones internacionales basadas en el respeto a la diversidad y soberanía de los países.

Lo que somos buenos haciendo: Construyendo un modelo económico inclusivo y respetuoso del medio ambiente, apostando a la diversidad política y social, impulsando una educación de calidad, y el desarrollo de habilidades técnicas y profesionales y construyendo un sistema democrático sólido.

Por lo que podemos ser recompensado como país: Crecimiento económico sustentable, igualdad de oportunidades, instituciones sólidas y la transformación tecnológica pueden ser áreas en las que Bolivia buscar recompensas. Promover la inversión en sectores innovadores y el espíritu empresarial podría impulsar el crecimiento económico y la generación de empleo de calidad.

Finalmente, y en suma, el ikigai nacional podría ayudar a los ciudadanos a descubrir su propósito en la vida para ser feliz personal y colectivamente. Esto podría traducirse en la promoción de una cultura de paz, resolución de conflictos y reconciliación en Bolivia. El concepto de Ikigai es una joya de la filosofía que encapsula la esencia de la búsqueda de un propósito significativo en la vida. Es un equilibrio armonioso entre múltiples dimensiones de la existencia humana, donde la simplicidad y la profundidad se entrelazan. 

Nuestra democracia debe ser longeva y fuerte. Nuestro desarrollo económico y social deber ser sostenible. El ikigai es un camino a seguir, tal vez complejo de implementarlo en un país, aunque no imposible. Aquí el mensaje central es que en el Bicentenario necesitamos cambiar la piel del alma nacional, necesitamos reinventar la esperanza, construir nuevas utopías productivas y sociales, comprender que haciendo lo mismo no podremos obtener resultados diferentes, así mismo eligiendo a los mismos políticos no hay cambio, por eso, es imperioso ampliar los horizontes de la libertad y la democracia y construir una nueva economía basada en lo mejor que tenemos: Nosotros Pero el ikigai comienza en cada uno de nosotros. Dime lo que amas con pasión, dime en lo que eres el más capo, dime cual será tu legado al mundo y dime como esperas que te reconozcamos y veras que ya comenzaste a construir una nueva Bolivia.