Opinión

Impactos psicológicos ante la epidemia del Covid-19

Carlos Dabdoub Arrien 25/3/2020 03:00

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Igual que muchos, durante el tiempo de “aislamiento social” preventivo bajo vigilancia domiciliaria que vengo cumpliendo, hemos sido bombardeados con noticias e informes gubernamentales sobre esta enfermedad, olvidando considerar las variables sensaciones emocionales de personas –especialmente de la tercera edad-, pacientes y profesionales de la salud frente a esta pandemia nunca vista, cuyo primer impacto psicológico es la crisis misma, más aún cuando normalmente un 20% de la población es ansiosa a nivel mundial. 

No es que estamos enfrentando a una patología psíquica específica, se trata de personas normales que enfrentan situaciones anteriormente impensables. En este sentido, los trabajadores sanitarios merecen una atención especial, pues al estar separados de su equipo de trabajo, aumenta la sensación de aislamiento, además de sufrir una mayor estigmatización. Por eso, es importante que se sientan respaldados por sus colegas y la sociedad. Un distanciamiento social no es distanciamiento emocional. Igualmente, los niños presentan puntuaciones medias de estrés cuatro veces más elevadas, en comparación con aquellos que no han estado en un encierro. 

Los seres humanos como animales sociales por naturaleza, ante una cuarentena, responden con una alta prevalencia de angustia y problemas psicológicos, que después de este periodo pueden presentar cambios de comportamiento a largo plazo. Por tanto, es fundamental garantizar que se implementen medidas eficaces de mitigación, como parte del proceso de planificación de cualquier cuarentena. Ello implica aplicar una “contención mental” o defensas psíquicas, a las que la mayoría no está preparada.
Durante el aislamiento, el tiempo que dure la cuarentena incide directamente en el grado de salud mental. En esta etapa, quienes tuvieron contacto cercano con un caso confirmado, expresan sentimientos negativos durante el período de cuarentena: temor, nerviosismo, tristeza y culpabilidad. Son pocos los que informan sentimientos de felicidad y de alivio. También existe ansiedad frente a la posibilidad de contagiar, especialmente a sus familiares, a no tener suministros básicos adecuados (comida, agua, etc.) o atención médica regular. En esta fase, la información inadecuada, escasa o contradictoria es uno de las principales preocupaciones, porque lleva a repensar y hablar más a la persona aislada, sobre su problema. 

Tras la cuarenta, los estresores incluyen la pérdida de trabajo o la falta de ingresos, creando una grave angustia socioeconómica, un factor de alto riesgo de problemas psicológicos, siendo que aquellos con ingreso familiar bajo, tienen más posibilidad de verse afectados. Otro factor que se cita en este periodo es el estigma. Su entorno los trata con miedo y sospecha, o bien, evitan invitarlos a reuniones de cualquier tipo.

¿Qué recursos emocionales se pueden desplegar para tolerar de mejor manera este aislamiento? Existen numerosas recomendaciones y pautas emocionales de autocuidado para atenuar estos impactos psicosociales (Colegio Oficial de la Psicología de Madrid). En China (Wuhan), se dictaron varios principios rectores para la intervención de emergencia en crisis psicológicas por causa del COVID-19 y se conformaron equipos de atención psicológica, incluyendo una línea directa de asistencia. De igual manera, en Santa Cruz, la carrera de psicología de Unifranz ha conformado un grupo de 16 profesionales capacitados que orientan y brindan apoyo emocional online para minimizar los riesgos psicológicos y hasta, por qué no decirlo, salir fortalecidos de esta pandemia, que sin duda, dejarán muchas lecciones aprendidas.

Mantengamos la fe, evitemos el pánico que es mala consejera y actuemos con responsabilidad, no solo para nuestro bien, como también de nuestra propia familia y entrañables amigos. 

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