Escucha esta nota aquí

Las desgracias nunca llegan solas y la pandemia del Covid-19 no es la excepción: al miedo, sufrimiento y luto que trajo el virus a nuestras vidas se suma la insensible especulación de farmacias y personas que aprovechan la urgencia de la búsqueda de medicamentos para familiares enfermos y suben los precios en dos, cinco y hasta diez veces el valor de remedios en sí mismos caros.

Como si se tratara de un país sin ningún tipo de regulación ni control, algunas farmacias y personas en redes sociales trafican -así tendría que llamarse a estas operaciones comerciales ilegales y fuera de todo control del Estado- con medicamentos como el Remdesivir, un antiviral que se utiliza en el tratamiento de enfermos graves de Covid-19, la conocida Ivermectina y una cadena de medicamentos de precios relativamente altos que los médicos piden a familiares de los enfermos.

La edición impresa de EL DEBER de ayer, miércoles, recoge testimonios dramáticos de personas en Santa Cruz y La Paz que tuvieron que pagar 250 dólares en una ocasión y 4.000 bolivianos en otra por cada unidad de Remdesivir, y la receta médica le indicaba comprar 11 unidades del antiviral.

En otro caso, a una familiar de pacientes con coronavirus le pidieron Bs 6.000 por cada unidad de Remdesivir. El médico le había pedido conseguir seis unidades, y lamentablemente cuando se trata de un ser querido, la desesperación y la urgencia llevan a las personas a pagar lo que le pidan si eso ayuda a dar pelea al virus y abrazar al menos una esperanza para salvar la vida de la mamá, el papá o algún abuelo.
La especulación no ocurre solamente con ese antiviral, sino incluso con las aspirinas, antigripales, insumos como el alcohol o la Ivermectina. En Santa Cruz una persona compró esta última en Bs 8 un día en una farmacia de la Doble Vía a La Guardia y al día siguiente le pidieron 10 y 15 bolivianos por el mismo comprimido en esa misma farmacia.

Aparte de la especulación, los afligidos familiares se exponen también a estafas de supuestos importadores o particulares que ofrecen el medicamento en las redes sociales, sin que de por medio exista ninguna certificación o garantía.

Ya sabemos que en Bolivia nada debiera sorprendernos y que los ciudadanos debemos estar preparados para ver y escuchar las más insospechadas sorpresas cuando se trata de engañar, especular o robar, y a eso ahora hay que sumar la peor de las insensibilidades de farmacias o particulares con familiares de personas que están dando una desigual batalla contra la muerte. En esto y en varios otros hábitos somos el país del ‘realismo trágico’, parafraseando a la tendencia literaria del escritor, porque ‘así nomás’ son las cosas por acá.

Pero que también nos acostumbremos a que las autoridades miren de palco o no hagan lo suficiente para controlar y sancionar a esos comercios es inaceptable, porque en este caso ya no se trata solo de una ‘cultura boliviana’ del amañe y el dolor, sino del incumplimiento de deberes de alcaldes, gobernadores y ministros que están allí para cumplir con sus obligaciones.

¿O también ellos son insensibles al dolor de los ciudadanos que ni siquiera puede acercarse al familiar con Covid-19 para tomarle la mano y hacerle sentir que no está solo, porque los protocolos lo impiden, y lo único que pueden hacer por ellos es recorrer desesperadamente farmacias y comercios buscando los medicamentos de la receta y volver al hospital para entregarlos presurosos al médico?

Comentarios