Opinión

Indígenas, sin mucho que celebrar

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9 de agosto de 2017, 4:00 AM
9 de agosto de 2017, 4:00 AM

Hoy se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, pero hay poco que celebrar. Hace 10 años, el 13 de septiembre de 2007, las Naciones Unidas aprobaron la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas; sin embargo, el cumplimiento y las conquistas de gran parte de sus derechos han quedado en los papeles.

Paradójicamente, uno de los principales impulsores de aquel documento histórico fue Evo Morales, el primer presidente indígena del planeta, que hoy es observado por impulsar la construcción de una carretera a través del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis). Bajo el argumento de que la obra traerá progreso y bienestar para los pobladores de esa zona del país, el Gobierno viene impulsando la obra pese al rechazo de buena parte del movimiento indígena y de organizaciones ambientalistas que demandan el respeto del  medioambiente de uno de los territorios más ricos en biodiversidad de Bolivia. Por detrás está la presión de los colonizadores y productores de coca, que encontraron en el Tipnis un territorio fértil para la producción de la hoja milenaria que, en gran medida, termina en manos de la producción de cocaína y del narcotráfico.

Hubo avances importantes, hay que reconocerlo, especialmente en la constitución de municipios indígenas, como fueron los casos de Uru Chipaya (Oruro) y Charagua (Santa Cruz), que lideraron el proceso. Sin embargo, diversos territorios y comunas indígenas están lejos de contar con las condiciones económicas y políticas para que dichas autonomías indígenas permitan un mayor bienestar para sus pobladores.

El caso boliviano no es el único donde hay retrasos o atropellos. El desarrollo económico, los intereses corporativos y la presión de las petroleras están arrasando a pueblos indígenas en casi todos los países de América Latina, casi sin excepción. Los mapuches en Chile, los diaguitas en Argentina, los guaraníes en Paraguay, las etnias amazónicas en Perú, Ecuador, Colombia y Brasil están siendo arrasadas por el avance de la modernidad. 

La activista nicaragüense Mirna Cunningham alertó que a este paso vamos a tener más pueblos indígenas en extinción, dado que las poblaciones están perdiendo sus tierras, sus formas de organización, sus idiomas y sus costumbres.

El rostro indígena de América Latina, orgulloso de sus tradiciones ancestrales y de sus valores, no tiene motivos hoy para sonreír. Las burocracias estatales y sus políticos aún no han hecho lo suficiente para hacer efectivos sus derechos a la autodeterminación y la autonomía de sus territorios y organizaciones. 

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