15 de octubre de 2022, 8:54 AM
15 de octubre de 2022, 8:54 AM

Por segunda vez en apenas dos meses, el alcalde de Santa Cruz de la Sierra, Jhonny Fernández, ha pedido que todos sus secretarios y directores pongan su cargo a disposición. En otras palabras, significa que les pidió su renuncia para que él pueda recomponer el equipo de colaboradores ratificando a algunos y cambiando a otros.

El alcalde quiere dar un golpe de timón, dice el director general de la comuna, Juan Carlos Solares, y con esa frase resume la intención de la primera autoridad de la ciudad de buscar mayor eficiencia en la administración municipal. Como corresponde en un caso así, los 12 secretarios firmaron sus cartas de renuncia y se espera para las próximas horas la posesión del nuevo gabinete.

El funcionario adelantó que el alcalde tiene la intención de cambiar al menos al 40 por ciento o la mitad de los actuales secretarios, lo que implica una gran crisis de gabinete, aunque Solares -como hacen todos los voceros- prefieren evitar utilizar la palabra crisis como si de otra cosa se tratara. Una simple revisión del diccionario deja constancia de la absoluta pertinencia del vocablo para designar los nuevos cambios que se avecinan. Es crisis, sin vueltas, matices ni pataleos innecesarios.

Hasta ahí, nada nuevo ni sorprendente. Los cambios en los equipos de colaboradores de los gobernantes, de cualquier nivel, son normales, porque obedecen a la necesidad de ir ajustando perfiles, en función de las evaluaciones y de los momentos que se viven, distintos unos de otros, con énfasis en unos aspectos más que otros. 

Lo que no resulta tan normal es que, como en este caso, la crisis se produzca apenas dos meses después de la anterior, el 11 de agosto, cuando el propio Jhonny Fernández decía que había pedido a todos los secretarios y directores que pongan a disposición sus cargos ‘para poder hacer evaluaciones y los ajustes que se necesitan’. 

En aquella ocasión se decía que en realidad Fernández se adelantó a una posible ola de renuncias en su equipo por el descontento que provocó la penosa actuación de la Alcaldía que utilizó vehículos, instalaciones y explosivos para provocar desmanes durante los días del paro cívico por el Censo, con el objetivo de sabotear la medida de protesta o de teñirla de violencia para después culpar a las instituciones que la impulsaron.

En esa ocasión se dejó a las autoridades en un extraño limbo parecido a los interinatos y que se sepa no hubo una ratificación oficial en los cargos. Es más, tampoco se conoció qué evaluación se hizo ni qué nuevo plan tenía el alcalde para esa próxima etapa tras la recomposición.

Y ahora viene otra vez un cambio del gabinete municipal. ¿Qué lo motiva? ¿Por qué problemas internos está atravesando la administración municipal para provocar esta sustitución de perfiles? Y una pregunta más: ¿Quiénes van a entrar en ese 40 ó 50 por ciento de secretarías que sufrirán remociones? 

El alcalde Fernández tiene que darle más certezas a la ciudad. Elegir un equipo de confianza, eficiente y trabajador no es fácil, principalmente porque resulta una tarea compleja esa de encontrar personas que reúnan a la vez las tres condiciones. No es una misión fácil, pero la elección tiene que ser realizada con el objetivo de contar con un equipo estable, duradero, con el que se puedan formular y ejecutar planes a largo plazo. Eso de cambiar secretarios cada dos meses no es la mejor señal de confianza y seriedad que debiera transmitir una autoridad.

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