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Innovar para educar, educar para transformar

Lunes, 21 de julio de 2025 a las 00:00

Por Redacción

Mario Ariel Quispe


En el marco del VI Foro Internacional de Innovación Educativa se expusieron muchos proyectos, ideas, iniciativas e incluso la adhesión de ciudades a la formación STEM (Science, Technology, Engineering & Maths). Todos estos esfuerzos están orientados a mejorar los procesos educativos, desarrollar estrategias para transformar la educación, evaluar el estado de la educación en el país y, por supuesto, proponer soluciones a problemas coyunturales y estructurales en lo que a educación se refiere. Estos espacios permiten visibilizar el poder que tiene la educación en la transformación de una sociedad.


De acuerdo con César Bona —considerado uno de los mejores maestros del mundo—, todo aquello que no contribuya a generar un cambio real y efectivo en la sociedad carece de sentido como experiencia educativa. En otras palabras, la educación no debería limitarse a la transmisión de contenidos, sino a transformar realidades, empoderar a los individuos y fomentar una conciencia crítica. 
Las prácticas educativas deben tener un propósito claro: provocar transformaciones tanto a nivel individual como colectivo, desde lo más cotidiano hasta lo estructural. Solo así se justifica su existencia y se valida su impacto en el entramado social.


En las aulas bolivianas, a pesar de las carencias materiales y los desafíos estructurales, ocurren verdaderos milagros. Allí se despiertan vocaciones, se encuentran respuestas a problemas concretos y se construyen saberes que conectan con la vida real. Desde el momento en que un estudiante comprende el sentido de una teoría científica, hasta que alguien encuentra una solución innovadora para su comunidad, la educación demuestra su poder transformador. 


En ese sentido, ¿Cuál es el fin de la educación? Es brindar herramientas a los estudiantes para que puedan vivir y convivir en la sociedad, aportando un granito de arena a que ésta mejore. Aquello que el cerebro no utiliza lo olvida, por esa razón, es importante que en las instituciones educativas no solamente se desarrollen competencias cognitivas o procedimentales, sino también, habilidades para la vida que engloben el respeto, la colaboración, el trabajo en equipo y la metacognición.


Es necesario despojarnos de algunas creencias, como el castigo al error. La ingenuidad es uno de los primeros elementos con los que cualquier persona, durante su formación, se encuentra y es el punto de partida para aprender, desconocemos alguna situación y al investigarla con la guía de un docente, logramos comprenderla. Las soluciones no siempre vienen de un laboratorio, sino de una idea brillante que inició con un poco de ingenuidad sobre un tema.


Esto nos lleva a pensar, ¿cómo logramos innovar en los procesos educativos? Una posible guía es dejar libre a la creatividad. Muchas veces nos encasillamos en procesos y normativas, que si bien, son necesarios, también es sano pensar más allá de las mismas. La mayoría de los descubrimientos que como sociedad hemos alcanzado, han surgido a partir de una necesidad, pero también, de una buena dosis de creatividad y perseverancia.


Actualmente, los modelos educativos están siendo afectados por cambios en esferas políticas, sociales e incluso tecnológicas. Sin embargo, la innovación tendrá como base fundamental el pensamiento crítico y el análisis de la realidad, así como la reflexión sobre la importancia que tiene la educación para formar y transformar la sociedad en beneficio de las personas que están en ella, y de aquellas que estarán en un futuro cercano. 


Quienes están involucrados en la educación y en la formación de personas deben tener siempre presente que su labor va mucho más allá de transmitir conocimientos. Su trabajo tiene un impacto directo en la construcción de una sociedad más consciente, justa y equitativa. Cada acción pedagógica puede marcar una diferencia real en la vida de una persona.


El aporte de docentes y educadores es clave para transformar el presente y proyectar un futuro con mejores oportunidades para todos. La educación no solo moldea competencias, también forma valores, actitudes y formas de ver el mundo. En consecuencia, su influencia se extiende al corto, mediano y largo plazo, sembrando las bases para una ciudadanía activa, crítica y comprometida con la comunidad.
 

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