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Integración económica entre ciudades y regiones

Óscar Ortiz Antelo 15/6/2021 05:00

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En un país donde estamos acostumbrados a las divisiones y a la confrontación entre sectores y regiones, la reciente visita de la alcaldesa de El Alto, Eva Copa, a Santa Cruz de la Sierra, y sus encuentros con las organizaciones empresariales para invitarlas a invertir en la urbe alteña, es una señal clara sobre cómo y por dónde avanzar hacia una agenda positiva de integración y prosperidad para el conjunto de Bolivia.

Anteriormente, el alcalde de la ciudad de La Paz, Iván Arias, también se reunió con empresas cruceñas que invierten en La Paz para incentivarlas a continuar invirtiendo en la sede de gobierno y ofrecerles la cooperación institucional del municipio paceño para facilitar sus operaciones en dicha ciudad, dando muestras de una actitud proactiva para buscar mejorar las condiciones de vida en su jurisdicción.

Este es un punto que las autoridades municipales y departamentales generalmente descuidan en sus gestiones, la de promover el progreso económico y social de sus territorios mediante la atracción de inversiones, la facilitación de las condiciones para el establecimiento de nuevas empresas, industrias, comercios y servicios, como una forma de incentivar la creación de empleos, empleos de calidad, empleos sostenibles, no porque una ley procure imponer por la fuerza la estabilidad laboral sino porque la realidad económica haga posible crearlos e incrementar la demanda de los mismos, lo cual es el mejor camino para asegurar las mejoras salariales y la permanencia de los trabajadores.

No solo ello, las autoridades municipales y departamentales también debieran promover el turismo y apoyar la realización de ferias, congresos y eventos en sus territorios, las cuales tienen un gran efecto multiplicador en el turismo, la hotelería, la gastronomía, el comercio, la artesanía, entre otros sectores que se benefician con la venta de bienes y servicios a los visitantes nacionales y extranjeros que atraen estas actividades.

Avanzado el siglo XXI, también se debería apoyar las incubadoras y aceleradoras de empresas, la reconversión laboral y económica de tantas personas que ante la pérdida de empleos buscan establecer un negocio por cuenta propia, el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación, y, en general, todo aquello que signifique el apoyo a los emprendimientos, los cuales son la mejor forma de crear oportunidades e impulsar la movilidad social.

Lamentablemente, no es lo que sucede por lo general, puesto que el “obrismo” caracteriza a la gestión pública, esto quiere decir dedicarse solo al anuncio, ejecución e inauguración de obras públicas, descuidando los servicios públicos. No es casualidad, las obras permiten hacer política pensando en ganar popularidad para las próximas elecciones y, en muchas ocasiones, también son fuente de ingresos ilícitos que generalmente constituyen uno de los grandes y perversos incentivos por los cuales las personas se postulan a cargos electivos.

Sin embargo, lo más valioso de iniciativas como la de la alcaldesa Copa es la de romper todas aquellas barreras que nos separan y confrontan entre bolivianos, esas grietas que criminalmente promueven algunos gobernantes como una forma de ganar adeptos y consolidar sus núcleos duros de sustento político. En al año 2005, por ejemplo, ya se habían realizado unos encuentros entre líderes sociales, institucionales y empresariales denominados Santa Cruz y el Alto: Dos ciudades, una misma agenda, los cuales desmintieron los mitos que separan a sus pueblos. La polarización política posterior impidió su continuidad.

Alcaldes, gobernadores, empresarios y líderes de la sociedad civil de los municipios y departamentos de Bolivia, deben promover estos encuentros para integrarnos, para apoyarnos en crecer juntos y para brindarle prosperidad a esa nación boliviana, diversa, plural y con tanto potencial frenado por las divisiones internas.

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