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OPINIÓN

Inventario por la vida

Carlos Hugo Molina 26/5/2020 03:00

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En momento de crisis debemos apelar a nuestra resistencia para saber con qué fuerza contamos. En la actual pandemia, nuestra principal riqueza y fortaleza es nuestra gente, somos nosotros. Estaremos puestos a prueba en lo próximos días por el escalamiento de la infección. Estamos obligados a cuidarnos, a no abandonar la racionalidad, el sentido común y a mantener la convicción que nuestra conducta personal tiene sus consecuencias en mi familia y en mi comunidad.

No tenemos otra opción que solidaridad y cuidado, y nuestro futuro depende de esas conductas.

En esa responsabilidad colectiva, los aportes para aumentar nuestras fortalezas se hacen necesarios. Hemos venido trabajando, desde hace muchos años, un modo de enfrentar las necesidades de las personas en el territorio; bajo el nombre participación popular, de cohesión social, de resiliencia y hoy de ciudades intermedias. Aunque los tiempos que desarrollábamos nuestros estudios eran distintos a las urgencias que hoy tenemos, estamos comprobando su utilidad. ¿Cómo puede apoyar la gente desde sus territorios, a enfrentar la pandemia? 

Hemos combinado las variables de concentración poblacional en áreas metropolitanas, disminución de población en las zonas rurales, lo extenso del territorio, la capacidad productiva de la gente, y ahora la pandemia del Covid-19, y hemos identificado lugares desde los cuales y con calidad de nodos de servicios y puntos de encuentro, pueden constituirse centros de articulación con roles de asistencia para ofrecer respuestas a las necesidades. 

De los 339 municipios de Bolivia, sólo Santa Cruz de la Sierra reporta más de un millón de habitantes; tres municipios (El Alto, La Paz, Cochabamba) tienen más de 500.000 habitantes; tres municipios (Oruro, Sucre y Tarija) suman más de 200.000 habitantes; 5 municipios (Potosí, Sacaba, Quillacollo, Montero y Trinidad) tienen más de 100.000 habitantes; 11 municipios, más de 50.000 habitantes, 60 municipios más de 20.000 habitantes, y el 75% de los municipios del país que corresponde a 256 tienen una población menor de 20.000 habitantes, soportando una fuerte presión migratoria por la falta de servicios básicos.

Las llamadas ciudades intermedias, espacios definidos hasta ahora sólo por el número poblacional que no han respondido a un diseño planificado para constituirse en centros de mayor cohesión social, puedan adquirir la calidad de nodos ofreciendo servicios, brindando las facilidades de una ciudad grande, influyendo con su dinámica en el desarrollo de otras poblaciones menores del área rural circundante y aún en apoyo de las grandes ciudades.

Para comprender el proceso migratorio campo/ciudad, identificamos los 71 municipios que se encuentran en el rango entre los 20 mil y 100 mil habitantes, sus potencialidades y necesidades de desarrollo que poseen. El número se redujo a 51 al excluir a los municipios/ciudades que se encuentran alrededor de capitales o áreas metropolitanas.

La primera selección de 59 municipios (51 en relación a la población y ubicación estratégica, y 8 ciudades en fronteras), busca apoyar las acciones de emergencia en salud para acercar lo más posible los servicios a la gente, descongestionando la presión sobre las grandes ciudades y sirviéndoles de apoyo activo; articular el territorio productivo, en sus diferentes modalidades; fortalecer la organización del territorio, orientado a la soberanía alimentaria y la competitividad y, fortalecer las capacidades productivas de los actores, brindando los servicios para la producción y fortaleciendo su capacidad organizativa y de representación.

La ciudad intermedia debe ser quien integre un territorio en el que se encuentra la dimensión de la mancha urbana y lo rural. La crisis mundial de alimentos y la industrialización de la agricultura han repercutido en las áreas rurales con desempleo, migración, alteración de las cadenas alimentarías como problemas recurrentes y que necesitan tener soluciones innovadoras. Las ciudades intermedias incorporan su tamaño demográfico, relacionan elementos urbanos y territoriales en un sistema con capacidad para crear redes que posibiliten que todos sus habitantes satisfagan sus necesidades y que eleven su bienestar.

Las ciudades intermedias/municipios que sirven de modelo y que ya hemos estudiado en el Centro para la Participación y el Desarrollo Humano Sostenible, CEPAD, son Mizque, San José de Chiquitos, Sorata, Riberalta, Tarija, Rurrenabaque, Uyuni, Tupiza, Villamontes, Yapacaní, Challapata, San Ignacio de Velasco, Camiri, Yacuiba, Ascensión de Guarayos.

Desde ellas, estamos seguros, puede surgir una esperanza para Bolivia.