Opinión

Jóvenes y delito

El Deber logo
30 de marzo de 2017, 4:00 AM
30 de marzo de 2017, 4:00 AM

E l dramático caso de una joven de 14 años acusada en el crimen del luchador profesional Ronny Perrogón ha reabierto el debate sobre los jóvenes y el delito, en una sociedad que no deja de abandonarlos y empujarlos a la violencia. “¿Qué queremos como sociedad, vengarnos de jóvenes a los que abandonamos, castigar sin rehabilitar, o queremos rescatar?”, se pregunta Mario Mazzoleni, director del centro de rehabilitación de jóvenes Fortaleza.

Para enfrentar este fenómeno creciente de jóvenes y delito, la Gobernación administra el Centro Nueva Vida Santa Cruz Mujeres (Cenvicruz), uno de los cuatro centros de justicia penal juvenil, cuyo fin es reinsertar adolescentes de 14 a 17 años. Cenvicruz realiza una labor loable y fundamental para reintegrar a los jóvenes que, por condiciones sociales adversas, caen en la delincuencia. Sin embargo, el emprendimiento es insuficiente, dado que cada vez más jóvenes terminan en manos de pandillas, el alcoholismo y la drogadicción en los barrios de la ciudad.

Cenvicruz dice que no todo se pierde con el menor infractor que es detenido por diversos delitos. Con terapia y educación menos del 10% de los 837 adolescentes que pasaron por el régimen de reinserción (2010-2017) han reincidido en el delito. Entonces, el problema es el abandono llano. Y las medidas educativas de la justicia penal pueden ayudar. La tarea, como se ve, es inmensa y requiere un tratamiento multidisciplinario desde varios frentes. Por eso, la labor de las instituciones, de la familia y de la escuela es fundamental para frenar este fenómeno.

Crear las condiciones para generar fuentes de trabajo estables tiene que ser uno de los objetivos centrales de este proceso. La falta de recursos financieros en una sociedad de consumo exige que los jóvenes logren independencia económica para evadir la transgresión de la ley. Las familias tienen la misión fundamental de contener a los jóvenes, enseñarles valores y ayudarlos a construir proyectos de vida con perspectiva de futuro. Y la educación, a través de las escuelas, institutos y universidades, tiene que darles la formación necesaria para encarar un mundo cada vez más competitivo, fragmentado y violento. 

Ojalá el caso dramático de esta joven involucrada en un brutal crimen nos sirva a todos para reflexionar sobre qué estamos haciendo con los jóvenes, qué perspectivas de vida les ofrecemos y cómo les damos los valores suficientes para que salgan adelante 

Tags