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Juan Francisco Flores

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8 de septiembre de 2017, 22:58 PM
8 de septiembre de 2017, 22:58 PM

Consagrado comunicador, exquisito ensayista y agudo observador de la realidad política. Desde su mirada irónica y puntillosa, puso en aprietos a cuantos personajes pasaron por el set de la televisión universitaria, desde fines de 1979 hasta la década de los 90 del siglo pasado. “Quiero que usted me responda puntualmente sobre las razones que lo  llevaron a abandonar el Legislativo junto a su bancada parlamentaria, con el fin de postularse como candidato en las elecciones de 1980”, le espetó al líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, en la célebre entrevista efectuada poco antes de su asesinato a manos de la dictadura de Luis García Meza. A renglón seguido, el brillante político cochabambino le replicó: “Nadie detendrá nuestra firme determinación de enjuiciar criminalmente al nefando desgobierno de Hugo Banzer y sus conmilitones, que dieron al traste con los primeros albores de la democracia”.

Hablamos de Juan Francisco Flores Ortiz, recientemente fallecido, quien lució sus galas no solo en el mundo de las comunicaciones, sino que, como un adelantado de su época, buscó en los meandros de la filosofía respuestas a su pasión encendida con el siglo XVII y la contemporaneidad. “Creo que todos los problemas fundamentales del mundo moderno nacen allí, con la duda sistemática de Descartes, El discurso del método, Galileo, Newton, el telescopio, el microscopio, el nacimiento de los grandes estados y de la política actual. El hombre deja de ser el centro del universo. Todo esto influye enormemente sobre el lenguaje, el modo de escribir y concebir la literatura, centrada como hasta hoy en el estupor, la maravilla y la asimetría. Es un punto de inflexión poco estudiado que merece nuestra mayor atención”.

Desde su radioemisora Marítima, arrostrando riesgos inauditos provocados por los gobiernos de fuerza, iluminó con su mensaje claro y restallante sus ansias de libertad y respeto de los derechos fundamentales, de una sociedad intimidada y sobrecogida. Defendió a costa de su propia existencia el ejercicio de un periodismo crítico y objetivo, de la mano de los valores éticos y deontológicos.  También brilló en la cátedra y en la promoción de valores artísticos y culturales del país.

Entre sus frases enaltecedoras he seleccionado las siguientes: “Aléjate de los mediocres, porque estos destilan el veneno puro de su soberbia. El que ha comenzado bien, está a la mitad de la obra. ¿Qué verbos quedan por inventar? Quiero decirte uno: Yo te cielo, así mis alas se extienden enormes para amarte sin medida”.

Cuando le preguntaron cómo querría que lo recordaran, respondió: “Quisiera que me recuerden como un ser falible y contestatario.”

Adiós, amigo. 

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