Opinión

La Aduana, siempre la Aduana

29 de diciembre de 2019, 3:00 AM
29 de diciembre de 2019, 3:00 AM

Desde hace décadas la Aduana en Bolivia arrastra un significado sombrío: se ve alrededor de ella un panorama casi total de sobornos, coimas o contrabando encubierto. Y es una pena, porque la imagen de la Aduana debería ser otra. En cualquier parte del mundo hay aduanas, o algún tipo de oficina aduanera que coordina tareas de control -no solo en frontera- en lo que hace al egreso e ingreso de bienes para consumo final e insumos para sectores productivos.

Las enciclopedias definen a las aduanas como la autoridad que tiene la responsabilidad de recaudar aranceles y controlar el flujo de bienes dentro y fuera de un país. Tradicionalmente, la aduana ha sido considerada como el sujeto fiscal cobrador de aranceles y otros impuestos a la importación o exportación. En las últimas décadas, las funciones aduaneras se han ampliado; ahora cubren cuestiones básicas tales como fiscalidad, seguridad y facilitación del comercio.

Toda oficina aduanera tiene agencias situadas en puntos estratégicos, por lo general, costas, fronteras o terminales internacionales tipo aeropuertos, puertos costeros y terminales férreas. La Aduana está encargada de controlar las operaciones de comercio exterior, con el objetivo de registrar el tráfico de mercancías y cobrar los impuestos establecidos por ley. Existe un ente internacional que agrupa a las aduanas: la Organización Mundial de Aduanas, conocida en castellano por el acrónimo OMA. Su principal objetivo estratégico es el proporcionar liderazgo, orientación y apoyo a los miembros del ente. Para este propósito, la OMA se centra en iniciativas que promuevan facilitación, recaudación de ingresos y protección de la sociedad. La OMA también brinda asistencia técnica, proporcionando orientación para la cooperación. La OMA ejecuta sus actividades con el objetivo de garantizar que las administraciones de aduanas se beneficien de la actualización de normas internacionales que promuevan la adopción de esas regulaciones en aras de un comercio previsible, seguro, legítimo y con una recaudación justa de ingresos. Pero fundamentalmente, en el marco de la Organizaciòn Mundial del Comercio (OMA) y el Acuerdo de Facilitación Comercial.

Son tres las funciones básicas de una oficina aduanera: a) proteger a la sociedad del ingreso de bienes dañinos; b) recaudación de ingresos; c) apoyo al comercio exterior. Y esto último es lo que se ha ido perdiendo en Bolivia durante años. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que la Aduana ha servido solo como mecanismo de recaudación de la administración de turno, en lugar de dedicarse a fomentar el comercio exterior y facilitar el ingreso de insumos para la industria local. La Aduana boliviana debe convertirse en un instrumento dinámico, apto para contribuir con el desarrollo del país y a su mismo ritmo de crecimiento, no ralentizando la economía. El Gobierno de Jeanine Áñez tiene la posibilidad concreta de dejar como positiva herencia para la futura administración una aduana nacional plena, honesta, en proceso de ordenamiento y con dinámica propia, no una simple entidad recolectora de ingresos o, peor, una potencial fuente de corruptelas.

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