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La ansiedad al futuro

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El ser humano se encuentra inmerso en medio de diferentes dinámicas sociales y laborales que en ocasiones eliminan o disminuyen el contacto familiar, y los espacios de reflexión individual. Dinámicas laborales y sociales que generan un constante movimiento enfocado a la productividad, este movimiento hace que la persona postergue problemas familiares, de pareja, conversaciones incómodas, decisiones importantes, etc. Sin embargo, este año se detuvo casi por completo esta gran maquinaria o rueda que nos mantiene “ocupados” y en ocasiones dota de sentido la vida de muchas personas.


El confinamiento. La cuarentena total aplicada en el país tuvo una función de protección importante para evitar fallecimientos a causa de contagios por covid-19. Sin embargo, fueron también muchos los aspectos negativos para la salud mental del individuo. En el confinamiento aumentaron los índices de divorcio, de suicidios, de maltrato intrafamiliar, de feminicidios, de consumo de drogas legales e ilegales, de desórdenes alimenticios, la pérdida inesperada de familiares y amigos, y el desempleo. 


Ahora en la conclusión del año, y encontrándonos en un periodo de reuniones familiares y celebraciones existe la incertidumbre de la posibilidad de un nuevo confinamiento, debido a un inminente rebrote del virus a nivel nacional, aunque no se limita a un aspecto tan macro esta incertidumbre ya que también está muy presente el “miedo” a ser contagiado o a contagiar durante estas fiestas de fin de año y navidad.


La ansiedad. Los factores anteriores tienen en su mayoría un aspecto que los vincula y es la ansiedad. Ese sentimiento que nos mantiene pensando en el futuro, en lo que “tendría” o “debería” suceder y es que estos mandatos rígidos que en muchas ocasiones nos imponemos a nosotros mismos van a dificultar procesos de duelo, de adaptación y de resolución de conflictos. 


Para reducir está ansiedad generada en ocasiones por factores externos, en otras por un mal manejo de la información emocional, debemos comenzar a utilizar técnicas de relajación, buscar hobbies para ocupar los tiempos libres y en ocasiones solicitar la ayuda de un profesional de la salud mental. 


Cuando el causante de la ansiedad es un problema por resolver, una conversación incómoda por efectuar, la convivencia constante con personas con las cuales no nos relacionamos correctamente, hay que intentar eliminar la postergación de los eventos y llevar a cabo de un modo lo más asertivo posible todas estas situaciones incómodas que nos mantienen el pensamiento nublado, ya que las tareas pendientes son uno de los principales generadores de ansiedad.


Creencias irracionales. Tenemos que comenzar a disminuir los pensamientos que pueden dañarnos evitando las generalizaciones, el catastrofismo, y las expectativas rígidas hacia el futuro, etc. Estos son pensamientos que generan en su gran mayoría ansiedad, ya que detonan en nosotros desesperanza y miedo. 


Esto puede combatirse enfocándonos en situaciones presentes y a nuestro alcance, descomponiendo los problemas en diferentes pasos y componentes para que su resolución sea viable, y disminuir así los factores que pueden estar generando estrés y ansiedad. Por último, es importante que comprendamos que en muchas ocasiones no son los eventos y situaciones las causantes de nuestra ansiedad y estrés, sino que son los pensamientos y perspectivas que tenemos sobre estas situaciones las que van a permitir que sean generadoras de ansiedad o no.

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