Escucha esta nota aquí


Cuando algo se sale de control y toma un curso absurdo, ridículo, desordenado, impertinente y poco serio, se usa una expresión popular que todos hemos escuchado en algún momento de nuestras vidas: ‘Esto ya es chacota’.

La actuación de la Asamblea Legislativa, controlada por el Movimiento al Socialismo, en las últimas semanas ha demostrado que merece ese adjetivo: en el rosario de leyes, decisiones y procedimientos cuestionables que viene aprobando, lo más reciente es la censura y pedido de destitución de los ministros de Gobierno, Arturo Murillo, y de Educación, Víctor Hugo Cárdenas.

Ni Murillo ni Cárdenas ni la ministra de Salud, Eidy Roca, asistieron ayer al acto de interpelación de la Asamblea Legislativa, el primero por compra de armamento no letal con presuntas irregularidades, el segundo por la clausura del año escolar debido a la pandemia del Covid-19 y la tercera por el caso de la compra de respiradores con supuesto sobreprecio.

En el caso de la ministra Roca, la Asamblea decidió aceptar su excusa, pero con Murillo y Cárdenas dispuso su censura y por tanto supuestamente correspondería su destitución en cumplimiento de un artículo de la Constitución.

Si son destituidos o renuncian, la presidenta Jeanine Áñez supuestamente no podrá volver a posesionarlos en sus cargos en al menos tres años, en cumplimiento de una -oh coincidencia- reciente ley aprobada hace pocos días por la misma Asamblea, la que, sin embargo, el Ejecutivo envió en consulta al Tribunal Constitucional Plurinacional, también controlado por el MAS.

Las últimas leyes de la Asamblea se parecen al gesto del sastre que hace trajes a medida del cliente, en este caso, a medida de la coyuntura actual, en un poder del Estado donde el MAS tiene dos tercios y al frente tiene un débil Gobierno de transición que expirará en funciones en pocos días más.

Lo curioso es que la propia Asamblea ya está -en términos futbolísticos- jugando en tiempo de descuento. En realidad, su mandato de cinco años feneció en enero pasado, y si aún están allí es porque se beneficiaron indirectamente de la extensión del mandato del Gobierno transitorio por la pandemia del coronavirus que impidió realizar las elecciones en el tiempo inicialmente previsto.

Se estima que son unas 50 las leyes que el MAS aprobó sin discusión, oposición ni debate en estos últimos meses, y muchas de ellas son de los más pintorescas: una ley prohíbe al Ejecutivo volver a nombrar a ministros censurados, otra protege a dirigentes bloqueadores de carreteras para que no sean juzgados por sus actos, otra impide la salida del país de autoridades que concluyan su mandato durante al menos tres meses para que ‘no escapen’ si tuvieran que ser investigados por presuntos hechos de corrupción.

Y como estas, hay varias otras leyes sui géneris, características de quien está de salida definitiva de un lugar y en su apuro quiere introducir en la maleta la mayor cantidad posible de prendas y objetos. Pero la fiesta de los actuales legisladores se acaba este mes o el próximo, cuando los nuevos diputados y senadores elegidos el domingo 18 reciban sus credenciales. Hasta entonces habrá que permanecer alertas para observar qué nuevas leyes de último minuto sacan de la manga.