Opinión

La asignatura pendiente en las nuevas generaciones desde 21-F

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26 de febrero de 2020, 3:00 AM
26 de febrero de 2020, 3:00 AM

Juan Pablo Marca

En Las plataformas y movimientos ciudadanos de Santa Cruz: sus riesgos y desafíos ¿Estamos ante el nacimiento de un nuevo sujeto político?, artículo que publiqué en la revista Andamios en abril de 2018, en la parte final del artículo se planteaba la siguiente hipótesis: “Es muy probable que el efecto 21-F en Bolivia tenga el mismo curso que el 15-M en España, que termine con la creación de dos o más partidos, como lo fue Podemos y Ciudadanos”. Hipótesis que, hasta este momento, parece imposible, pero que es imprescindible.

En España el 15-M que llenó las plazas para expresar la indignación del pueblo español por la situación de crisis que atravesaba el país significó la contestación social más importante para la regeneración del cambio en el sistema político español y fue un punto de inflexión en la agenda de la vida pública de ese país. Por dos razones: porque dio lugar a movimientos y partidos nuevos como Podemos y Ciudadanos, que abrieron después una brecha en el bipartidismo con más de ocho millones de votos. Y, segundo, porque el 15-M colocó gran parte de sus reivindicaciones en los programas y la acción diaria de las fuerzas políticas. En Bolivia desde el 21-F no pasó ni lo uno ni lo otro.

Parece ser cierto que será imposible hablar del nacimiento de nuevos partidos políticos mientras el MAS siga vigente y mientras actores como Luis Fernando Camacho se presenten como una renovación del sistema político en Bolivia. En tal sentido las inscripciones de las candidaturas para las elecciones para el 3 de mayo, no muestran ninguna renovación en el campo político boliviano. Y es que la renovación no se trata solo de presentar rostros nuevos, sino de prácticas nuevas de hacer política. Porque hay muchos jóvenes que hacen gala de ideas propias de la Edad Media. Los dos actores nuevos que disputan la silla presidencial, como Luis Fernando Camacho y Jeanine Áñez, repiten las mismas prácticas políticas de siempre. Además, en plena gestión de Jeanine Áñez los decretos que posibilitaron los incendios en la Chiquitania no fueron derogados y siguen vigentes.

En ese contexto la gran tarea a realizar por las nuevas generaciones es la articulación de un corpus narrativo progresista en torno a significantes políticos que fijen una nueva frontera en el campo político entre lo nuevo y lo viejo. Que posteriormente lleven al nacimiento de nuevos partidos políticos que sepan leer e incorporar la acumulación de demandas sociales insatisfechas o neutralizadas por el anterior régimen en sus discursos.

La participación de los jóvenes en la política tiene especial sensibilidad por los temas ecológicos y de género, y predomina en ellos una demanda por actividades locales, no por grandes proyectos o relatos históricos, sino por actividades que produzcan resultados a escala local. Por otro lado, tienen reivindicaciones vinculadas con la educación, la ética, la búsqueda de una nueva forma de hacer política, con los derechos humanos, con los derechos de la mujer, con los derechos ecológicos, con cambios en los patrones de educación, los sistemas educativos y con nuevas formas de economía.

El cambio en la correlación de fuerzas en el campo de la sociedad civil desde el 21-F que mostro la aparición novedosa de las diferentes plataformas ciudadanas que fueron uno de los actores claves en la salida de Evo Morales del poder, no se han traducido todavía en el nacimiento de nuevos partidos políticos. Y lo peor es que la mayoría de las plataformas ciudadanas están siendo subsumidas por diferentes partidos que no representan necesariamente una renovación del sistema político boliviano, hecho que aborta en el mediano plazo el nacimiento de un nuevo sujeto político para los próximos años.

Desde el 21-F existen las mejores condiciones históricas para el nacimiento de nuevos proyectos políticos; pero no las condiciones subjetivas.

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