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6 de septiembre de 2019, 4:00 AM
6 de septiembre de 2019, 4:00 AM

El 7 de diciembre de 1941, los cielos de Pearl Harbor se oscurecían con aviones japoneses que dejaban la Flota Norteamericana del Pacífico envuelta en llamas. Un día después, EEUU entraba a la II Guerra Mundial. El exitoso ataque japonés, terminó siendo el comienzo del fin del imperio nipón, como anticipó el propio almirante Isoroku Yamamoto:

“Me temo que hemos despertado a un gigante dormido”. El 22 de enero de 2006, en La Paz, otro régimen iniciaba su ofensiva, atacando la identidad misma de su propio pueblo. Al amparo de una Constitución redactada en los cuarteles, le impuso símbolos patrios que no lo representan, llegando a cambiar su nombre.

Siguió desplegando su irrespeto por la independencia de poderes y utilizando todos los recursos del Estado como si fueran propios, con el fin de atemorizar a quienes aún no habían caído seducidos con su permanente propaganda. Cuando el engaño y el amedrentamiento no fueron suficientes, siguieron la expropiaron y reversión de tierras o el ahogo económico contra ciertas empresas, que llevó a algunas a la quiebra y a otras a aceptar “ofertas de compra” no deseadas.

Luego, como una forma de minar toda reserva moral de sus adversarios, utilizó un supuesto atentado terrorista que terminó con docenas de presos políticos y miles de exiliados. Después de años de constantes agresiones y cuando ya había acallado a muchos e incluso sumado entre sus filas a antiguos enemigos, sintiéndose fuerte y viendo a la gente en un estado de letargo total, se atrevió a desconocer la voluntad popular expresada en el referéndum del 21-F.

Finalmente, con la arrogancia propia de quien se cree intocable, realizó su asalto final en la Chiquitania, con temerarias dotaciones de tierras a colonos de otras regiones y sin conocimiento sobre el adecuado manejo de los suelos.

No solo con un fin electoral, sino principalmente por un interés geopolítico de dominación étnico-cultural. Sin embargo, las cosas se escaparon de su control, por lo que, tal como Pearl Harbor dio al pueblo norteamericano la convicción necesaria para luchar, los devastadores incendios y el enorme daño ambiental provocado por más de un millón de hectáreas en llamas, podrían convertirse en el comienzo del fin para este Gobierno.

Tocará defender nuestro voto y hacer respetar un resultado que ya conocemos, puesto que la gente exige el cambio. Ante esto, no temamos lo que puedan tramar para desconocer dicho anhelo, porque parece que finalmente despertó la Bolivia dormida.

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