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Bolivia atraviesa el resultado de una profunda crisis económica, política, social e histórica que no ha sido solucionada por ningún gobierno, debido a que no les convenían hacerlo, al ser más fácil usar a la ciudadanía contra sí misma, que garantizar sus derechos constitucionales y entregarles instituciones públicas sólidas e independientes de todo poder político.

Debemos entender que el conflicto actual por la Ley N° 1386 de 16 de agosto de 2021 no puede ser resuelto de manera aislada a los otros existentes; dicho de otra manera, ya no sirven las soluciones “parches”.

En tapete están temas como avasallamiento de tierras, incendios forestales provocados, reactivación económica y productiva, potencialización de las autonomías, cargas tributarias, narcotráfico, contrabando, administración de justicia, recursos naturales, tierra y territorio de los indígenas del Oriente, recorte presupuestario a las Entidades Territoriales Autonómicas, la independencia de los Órganos del Estado, garantizar la libertad de prensa, entre otros tantos que deben ser tratados mediante un Acuerdo Nacional por Bolivia con objetivos a corto, mediano y largo plazo, y que sentemos las bases definitivas de un Estado Constitucional de Derecho.

El nivel central de Gobierno es el llamado a pacificar y reconciliar el país, pero la visión de capitalismo de Estado y revanchismo político que tiene, no le permite entender que hay otras formas de tener una pluralidad en lo económico, político y social.

Asimismo, el principal argumento empleado por el nivel central del Estado y adeptos, es el 55,10% obtenido en las urnas; nadie va a desmerecer esto, pero ello implica que un mandatario debe gobernar para todo el país, ya que debe honrar el porcentaje recibido por esos votantes, y mostrar a quienes no lo apoyaron que estaban equivocados: pero eso se hace con gestión, pacificación y resultados.

Por otra parte, es necesario cambiar la mentalidad de que el nivel central del Estado deba estrellarse contra sus rivales o contra quien piense diferente: un Gobierno fuerte es el que muestra humildad y que se acerque a los sectores contrarios, y eso debemos enseñar a las futuras generaciones de políticos que tendrán, en su momento, los espacios de poder. La humildad es sinónimo de grandeza.

Finalmente, los problemas estructurales del país no deben ser dejados en herencia a nuestros hijos, sin tener la valentía nosotros mismos de resolverlos mediante un Acuerdo Nacional por Bolivia. Las futuras generaciones no pueden, ni deben, pagar las consecuencias de nuestras acciones u omisiones.

Ese Acuerdo Nacional es, hoy en día, una lejana utopía, pero si nos ponemos a pensar, puede ser un punto de partida por el cual trabajar.

Paúl Antonio Coca Suárez Arana es Abogado


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