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La burguesía pendiente

Rolando Schrupp 5/10/2020 05:00

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La batalla cultural es la madre de todas las luchas de la democracia, es la arena donde se pelea con ideas y no con armas, el campo de la aniquilación simbólica, no la material o física del enemigo. Durante mucho tiempo hemos estado demasiado ocupados sobreviviendo y resistiendo a los embates de la oligarquía burocrática estatal neo-colonialista que busca incansablemente implementar una hegemonía cultural, usando la violencia simbólica para mantener sus privilegios de clase dominante. Esto no es casual y responde a su política de emplear métodos geopolíticos de dominación imperialista para continuar explotando y subyugando las regiones, primero durante el colonialismo español, luego bajo el colonialismo republicano y hoy bajo el colonialismo estatal.

Esta batalla cultural la venimos librando a pesar de no poder terminar de construir una burguesía nacional que conduzca nuestra formación social histórica. La burguesía es más que una clase dominante con riqueza o que grupos de poder de unos pocos. La burguesía incorpora cierto capital cultural a su capital material, tomando el conocimiento y el pensamiento para la construcción de instrumentos de cambio. Así como muchas personas creemos que las matemáticas están sobrevaloradas mientras usamos redes y dispositivos construidos sobre matrices, fórmulas y redes neuronales, de igual manera muchos creemos que la práctica es superior a la teoría, mientras vivimos en sistemas sociales que fueron imaginados y pensados. La intelectualidad debe anteceder la practicidad, porque si no se piensa primero, se tiende a culpar a la mala suerte de los infortunios.

En los últimos siglos, Santa Cruz ha tenido muy claros focos de pensamiento, basta mencionar el Igualitarismo planteado por Andrés Ibáñez basado en el artesanado a finales del siglo XIX, el liberalismo moderado de Mamerto Oyola, el filósofo cruceño más destacado del siglo XIX, o el nacionalismo identitario de Sergio Antelo en los albores de este siglo. También hemos tenido ejercicios prácticos de la aplicación de las ideas cruceñas con la Revolución del 24 y las Luchas Cívicas por las Regalías, el Comité de Obras Públicas y la Corporación de Desarrollo, y el Comité pro Santa Cruz y el Movimiento Nación Camba. Hoy podemos estar seguros que la identidad Camba se ha convertido en una fuerza movilizadora social y que es el individuo el actor político central. Esa es la respuesta cruceña al intento de construcción de un estado de arriba hacia abajo que no respeta la diversidad de cultural, la democracia o la multinacionalidad.

Estamos obligados por la historia, no por realidad coyuntural, de pensarnos a nosotros mismos nuevamente. Necesitamos revalorizar el pensamiento cruceño, revalorizar al ciudadano y la ciudadanía, y re-evaluar nuestras relaciones como comunidades diferenciadas. Nuestra burguesía -en construcción- tiene el reto histórico de pensar para qué nos sirve ser Cambas, por qué la ciudadanía continental es la forma de una mejor integración de los Pueblos Libres del Sur, que instrumentos necesitamos para construir una sociedad más justa, con mayor bienestar y con una real promesa de futuro, cómo deben ser nuestras relaciones con otras naciones, qué modelo de estado es el adecuado para conseguir nuestros objetivos, y el desarrollo de nuestra propia narrativa histórica.

Santa Cruz cuenta con las condiciones económicas para poder pensar y cuenta con las condiciones democráticas para no morir en el intento. Eso sí, es una ventana de oportunidad muy estrecha pues el proyecto de dominación del Socialismo del Siglo XXI y el proyecto de subyugación de la oligarquía neo-colonial, que encuentran en el conflicto político – partidista sus mejores armas, siguen adelante con sus agendas. La materialización de la burguesía Camba debe encontrarse en la Academia y es esta nuestra gran asignatura pendiente.