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La conexión y la conectividad

Antonio Rocha 14/9/2020 05:00

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Fuimos gratamente sorprendidos con la noticia del Ministerio de Obras Públicas sobre la conexión realizada por ENTEL a la infraestructura de fibra óptica submarina en el Océano Pacifico a través de Desaguadero–Ilo, con lo cual se triplicará la velocidad de transmisión de datos de 150 Gbps a 450 Gbps, de igual manera se bajará el costo del internet de Bs. 35 a Bs 7 el Gigabyte lo que representa una quinta parte del costo actual, según lo informado en la página del Ministerio.

La conexión, entendida como el acceso físico a una red de forma adecuada a través de banda ancha a velocidad aceptable mediante equipos de comunicación como celular, notebooks y PC son indispensables para la conectividad de las personas con las tecnologías digitales. 

Por su parte, la conectividad, entiéndase como la capacidad de utilizar e interactuar con soluciones digitales en áreas como la salud, educación, investigación, comercio y trabajo, nos permite involucrarnos en el desarrollo actual y su transformación acelerada hacia la economía global digital.

Debemos tener en cuenta que la conexión no garantiza la conectividad; sin embargo, no puede haber conectividad sin una buena conexión, por lo que el avance logrado a través de las conexiones satelitales y de fibra óptica son un paso trascendente para encaminarnos hacia la digitalización. Ahora se deberá encarar un proceso de formación que permita a los estudiantes escolares y universitarios, así como a los profesionales, una conectividad exitosa con las nuevas tecnologías de información y comunicación.

Un informe de la Cepal sobre acceso a las tecnologías digitales, publicado a fines de agosto da cuenta que en la región de América Latina y Caribe en la quinta parte de hogares con mayores ingresos, solo el 81% de los hogares tienen pleno acceso a internet en promedio. 

Países como Bolivia que tienen los peores índices de conectividad, en la quinta parte de hogares con mayores ingresos solo el 35% tienen conexión a internet mientras en la quinta parte de hogares con menores ingresos solo el 3% tien conexión a la red digital.

A pesar de tener más de 12 millones de teléfonos móviles habilitados según datos poblacionales de una reciente encuesta telefónica sobre la preferencia electoral, y cerca de 12,5 millones de conexiones a internet entre fija y móvil, para nadie es desconocido que la calidad es pésima y onerosa. Esto en buena parte responde como causa de la incipiente penetración de la economía digital en Bolivia respecto al volumen del comercio electrónico, la utilización de los medios de pago electrónicos, el teletrabajo, la educación virtual, entre otros.

En Bolivia la baja calidad de conexión a internet y el costo elevado, siete veces mayor a Chile y cinco veces mayor a Brasil, provocan que el uso de equipos se limite a la telefonía celular, el email y el acceso a redes sociales, quedando restringido el acceso a plataformas de teletrabajo, educación en línea, telemedicina, investigación, diseño, ingeniería, biotecnología, etc.

En el caso del teletrabajo, el ya referido estudio de la Cepal señala que el acceso está directamente vinculado al ingreso per cápita y el nivel de informalidad del país por lo que se estima que en América Latina solo el 21% de los ocupados podrían teletrabajar, esto en razón a que el 80% del teletrabajo se concentra en los sectores de medicina, finanzas, seguros, educación, servicios profesionales, sectores que en el caso de nuestra región absorben menos del 20% de la fuerza laboral formal, siendo otros condicionantes la infraestructura digital del país, el nivel de digitalización de las empresas y las habilidades digitales de los trabajadores.

Otro caso emblemático sobre nuestras carencias en el uso de las tecnologías digitales se vivió en el sector de la educación, donde la pandemia obligó a la suspensión de las clases presenciales e improvisar el uso de medios digitales para dar continuidad al año escolar con la capacitación y apoyo de empresas multinacionales como Microsoft, Cisco, Google y varios organismos financieros multilaterales como el BID, la CAF y el Banco Mundial, esfuerzos que fracasaron, en gran parte, debido a la deficiencias estructurales de conexión que se reflejan en que más del 90% de hogares de niños en edad escolar no tienen conexión a internet.

Queda poco espacio y tiempo para encarar una verdadera revolución tecnológica digital, cuyas bases son una conexión de calidad y bajo costo, sumado a la conectividad que debemos internalizar en nuestros sistemas cognitivos desde la edad escolar hasta el ejercicio profesional.