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Si algo no queremos los bolivianos es volver a ser un país sembrado de bloqueos, crisis social, econó- mica y política. Con 11.216.000 habitantes, es el país abigarrado de Zavaleta, con carácter pluri y multicultural, un país mayoritariamente urbano en el que la pobreza extrema se redujo en más de la mitad (del 38,2% en 2005 al 15,2% en 2018; mientras que la pobreza moderada igualmente disminuyó de 60,6% en 2005 a 34,6% en 2018).

Legendario caudillismo. La mayoría de candidatos ya participó en elecciones hace más de 15 y 20 años. Todos los que ocupan los primeros lugares en las encuestas ya han estado o están en función de gobierno (nacional, departamental o municipal).

La gente en Bolivia, no apuesta por un “outsider”. El año 2005, el MAS se distanció de los “oligarcas”, empresarios y agroindustriales y su grito de guerra desde el campo fue: “Ahora es cuando!”.

Hoy, ambos impulsan proyectos económicos estratégicos, principalmente relacionados a la agroindustria, construcción, manufactura, servicios. Colocar el membrete de “masistas” a los empresarios y, peor aún, el de traidores es una barbaridad económica. Somos un Estado social comunitario y también de derecho (doctrina liberal).

A la millonaria inversión pú- blica ($us 6.510 millones programada para 2019), al esfuerzo del privado, a la banca le debemos la democratización del capital y la consolidación de una economía interna fuerte y un mercado.

La democracia agotada. A Evo Morales lo favoreció el fin del ciclo de la democracia pactada del “cuoteo” y lo ha perjudicado la hegemonía del poder.

Dos extremos que deben evitarse. Lo favoreció un contexto político regional de gobiernos de izquierda, alineado en una causa común: la patria grande. Mirar hacia el sur. Una región para el sur, no para el norte. La Madre Tierra. La vida de los que crecen y vienen.

“Ella puede vivir sin nosotros, nosotros no podemos vivir sin ella”.

Hoy, con el argumento de que la protección de parques, agua, bosques, fauna son “políticas del imperio”; los pasivos ambientales, la contaminación de ríos, la deforestación, la pérdida de flora y fauna son un problema de fondo que ningún candidato tiene derecho a ignorar y menos a decir que hoy necesitamos comer. Se puede comer sin destruir ni contaminar.

Mercado interno, bonos, subsidios, baja de intereses bancarios, el salto de más de un millón de pobres a la clase media son resultados altamente favorables con marca país.

En contrapartida, el regionalismo no superado, la informalidad producto del desempleo, la excesiva sindicalización y poco incentivo para que el empresario ofrezca empleos estables, la autonomía a medias, el narcotráfico, el contrabando, otros.

Para el 2019 Bolivia cerrará con un crecimiento del 4.7%.

Hasta el año 2006 Bolivia ocupaba los últimos puestos de desarrollo en la región. Todos vamos a perder si los partidos oficialista y opositores se quedan en la confrontación infinita.

El debate de temas de fondo es urgente.

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