2 de julio de 2023, 4:08 AM
2 de julio de 2023, 4:08 AM

La Constitución Política del Estado es un pacto político y social que define principios y valores de una sociedad, determina las formas de gobierno y establece derechos y deberes de los gobernantes y de la ciudadanía en su conjunto. Por doctrina, jurisprudencia e historia, las sociedades política y jurídicamente organizadas reconocen a sus Constituciones el máximo nivel de jerarquía; por eso se dice que es la ley de leyes.

Pero la historia de Bolivia y de varios países está plagada de casos de mandatarios que, ciegos por su adicción al poder, se burlaron de la Constitución, la interpretaron en función de sus intereses sectarios y se convirtieron en gobernantes autoritarios o en implacables dictadores.  Y para justificar tales acciones invocaron e invocan la voluntad del pueblo, el destino y hasta mandatos revolucionarios o divinos.

En la corta vida del Estado Plurinacional, los gobernantes han realizado acciones destinadas a violar, burlarse o interpretar la Carta Magna con desfachatez, asesorados por abogados o ministros de Justicia que deshonran la majestad de la ley y la nobleza del Derecho.

Ese es el escenario en el que se debe analizar la reciente censura, destitución y restitución del ministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo, convertido ahora en el trofeo político con el que Luis Arce Catacora le ha hecho saber a su exjefe, Evo Morales, que es él quién manda, tiene el poder y aplica la ley, a su modo, naturalmente. Todo porque la Constitución manda que un ministro censurado debe ser destituido, pero no prohíbe que sea restituido.

Aplica en este, como en otros casos, el término chicana judicial que se define en el Diccionario panhispánico del español jurídico como la “práctica que persigue obturar el proceso judicial mediante permanentes planteos maliciosos y temerarios”.

Y si de chicanas judiciales hablamos, repasemos algunas de las que mayor daño le han causado a la democracia. Fue una chicana que Evo Morales se burle del Referendo Constitucional de 2016, cuando el pueblo le dijo no a una nueva candidatura y él optó por una oscura maniobra en el Tribunal Constitucional.

Tiempo después, también fue una chicana que Jeanine Áñez restituya a los ministros de Defensa, Gobierno y Educación, Fernando López, Arturo Murillo y Víctor Hugo Cárdenas, respectivamente, después de sendas interpelaciones y censuras. Ahora, paradójicamente, Luis Arce simple y llanamente siguió el camino de su antecesora.

Fue y es una chicana judicial el hecho de que Jeanine Áñez esté siendo juzgada en tribunales ordinarios cuando le corresponde un juicio de responsabilidades como incluso lo tuvo el dictador Luis García Meza.

Y por supuesto que existen muchos otros casos que ameritan una exhaustiva revisión.

En el fondo, hemos entrado en una espiral peligrosa que ha puesto en entredicho los valores de la democracia, y sin democracia el progreso y la libertad son imposibles. Por eso es importante el respeto a la Constitución; porque nada ni nadie puede estar por encima de la Norma Suprema.

Puede ocurrir que circunstancialmente se imponga la manipulación por encima de la hidalguía y que los poderosos de hoy estén cubiertos con un manto de impunidad, pero el veredicto de la historia será certero e implacable. De ese juicio no se librará nadie, aunque en estos días a nuestra Constitución no la respeten ni sus propios creadores.