Opinión

La costosa factura de los chaqueos

El Deber 9/8/2019 04:00

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El fuego está devorando un pedazo de la esperanza de días mejores para los bolivianos.

La barbarie de los chaqueos es causante de que comunidades íntegras estén amenazadas, que cientos de animales perezcan asfixiados o calcinados, que surjan nuevas infecciones por la migración de los animales que las transmiten o que aumenten las infecciones respiratorias, de piel o en los ojos de los habitantes de todo el departamento.

¡Todos los años es lo mismo y nada cambia! El miércoles la Gobernación declaró alerta roja y hay municipios que están considerando declararse en emergencia para permitir el acceso a recursos extraordinarios para apagar el fuego.

Es como cuando un padre sabe que si el niño mete los dedos en el interruptor se electrocutará y le permite hacerlo vez tras vez. De acuerdo con los informes, hay 12 municipios afectados por las quemas. San José de Chiquitos es el más golpeado, pero también están sintiendo el impacto San Rafael, El Carmen Rivero Tórrez, San Ignacio de Velasco y otros.

Lo más grave es que más del 80% de la superficie del departamento tiene un nivel de peligro extremo de focos de incendio.

Eso significa que la situación tiende a agravarse. Llama la atención que el helicóptero de Defensa Civil se incorporó a las tareas para apagar el fuego el miércoles y que hay uno solo que lleva una pequeña carga de agua para lanzarla en las zonas más complicadas.

¡Vaya atención de la emergencia! La consecuencia inmediata es el peligro de que los incendios afecten a comunidades habitadas por familias, que se pierde producción y ganado y que hay efecto en la salud de la población. La consecuencia más grave es a largo plazo.

La quema destruye bosques y altera irremediablemente los ciclos del clima; al perder área verde, hay menos lluvias y avanza la sequía. Eso quiere decir que se pone en riesgo la seguridad alimentaria. Como efecto de la deforestación también se acentúa el cambio climático.

Ya este año se soportaron heladas extraordinarias. Hubo zonas en las que la temperatura bajó a 10 grados bajo cero y eso repercute en el daño a cultivos de verduras y hortalizas en los valles; en la zona del este, los ventarrones que ya no son atajados por cortinas rompeviento han sido causantes de la pérdida de trigo por un valor superior a 5 millones de dólares, correspondiente al 20% de la producción en Pailón.

En Bolivia rige una ley que permite las quemas controladas.

La Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT) no se ha pronunciado oficialmente, para saber si los chaqueos de este año son legales o ilegales, cómo se controla que las áreas quemadas sean las que tienen el permiso o son más. No se puede seguir con esta práctica.

Es cierto que es la más barata para desmontar y preparar la tierra para los cultivos, pero el país necesita que dejemos de hacer las cosas mal. Los productores (muchos de ellos agroindustriales) optan por chaquear, en vez de explorar otras posibilidades o incluir en sus presupuestos métodos más amigables con la naturaleza. Esa debería ser una tarea urgente también para los gobernantes.

Parte del futuro de las nuevas generaciones está en peligro. Los beneficios económicos y políticos de corto plazo pasarán una costosa factura que el país no podrá pagar. No esperemos a que pase esta emergencia, se siga con el bárbaro procedimiento tradicional y el próximo año volvamos a tener las emergencias, sin capacidad de dar respuesta adecuada.

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