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La cronología oficial del MAS: olvido selectivo y hegemonía simbólica

Martes, 05 de agosto de 2025 a las 00:00

En la historia política de Bolivia, cada régimen ha intentado legitimar su poder mediante la construcción de un relato histórico que justifique su existencia. Sin embargo, el Movimiento al Socialismo (MAS) ha llevado esta práctica a una radicalización inédita: su visión del pasado parte del año 2006 hacia atrás, como si los veinte años posteriores hubiesen quedado suspendidos en una especie de limbo histórico. En esta narrativa, todo lo ocurrido entre 2006 y 2025 –etapa de su prolongada gestión– es borrado o reducido a episodios personales sin relevancia histórica. Lo que para otros sería memoria gubernamental, para el MAS es un vacío incómodo que prefiere sepultar.


Esta forma de manipular el tiempo no solo responde a una estrategia de legitimación, sino que constituye un ejercicio deliberado de violencia simbólica. Al alterar las escalas temporales, el MAS construye una cronología mítica que lo posiciona como origen y destino del proyecto nacional. En esa línea, la historia no se cuenta como una sucesión plural de experiencias colectivas, sino como una línea recta que va de Túpac Katari a Evo Morales, eludiendo toda complejidad, contradicción o derrota.


Los hitos republicanos que han marcado el devenir boliviano –la independencia, la Guerra del Chaco, la Revolución de 1952, la transición democrática de 1982, o el ciclo liberal de 1985 a 2005– son reinterpretados bajo un prisma maniqueo o, simplemente, ignorados. Así, la revolución del 52 se reduce a una expresión del “colonialismo interno”, las dictaduras militares son diluidas en una falsa continuidad con la democracia y el proceso de recuperación democrática iniciado en 1982 es borrado del relato oficial. La democracia son ellos (sic).


Pero lo más revelador es cómo se excluye del registro histórico todo aquello que desafió al MAS desde dentro del propio ciclo que gobernó: las protestas por el Tipnis, el referéndum del 21F, la sublevación ciudadana de 2019, o la masiva denuncia de corrupción institucional. Estos hechos, lejos de constituir hitos históricos, son tratados como incidentes menores, desprovistos de sentido colectivo. Cuando se refieren al “pasado” se sitúan en algún punto entre 1825 y 2005, nunca en ese 10% de la historia nacional que controlaron ellos desde el Poder. La historia, para el MAS, solo ocurre cuando ellos la protagonizan.


En este contexto, disputarle al MAS la cronología oficial se vuelve una tarea urgente. No para negar los avances sociales alcanzados, sino para cuestionar la pretensión de totalidad que el MAS ha querido imponer como historia nacional. Solo una memoria histórica que reconozca tanto las luchas como las fracturas, tanto la emancipación como el autoritarismo, puede servir como base de una democracia plural, inclusiva y crítica.
 

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