Opinión

La cruz del periodismo mexicano

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28 de agosto de 2017, 4:30 AM
28 de agosto de 2017, 4:30 AM

Ella, cuando duerme, sueña que corre por un callejón sin salida, atormentada por los pasos ligeros de tres hombres que la persiguen con una pistola en una mano y con un periódico en la otra. Ella, metida en esa pesadilla, sabe que la buscan para reclamarle a balazos por su última investigación que realizó contra los narcos. 
Ella es periodista en uno de los países más letales contra la actividad periodística: México. Tan letal es que en lo que va del año 10 reporteros han muerto acribillados a balazos y la última cruz ha caído la semana pasada sobre Cándido Ríos, que vivía en Hueyapan de Ocampo, al sur de Veracruz, donde cubría el área policial con la experiencia curtida a lo largo de una década escribiendo para el Diario de Acayucan. 

Además, formaba parte de un programa gubernamental de protección a periodistas y defensores de derechos humanos. Pero eso de nada le sirvió, a pesar de que en su casa estaba protegido: su vivienda con cámaras de seguridad, rejas con alambres de púas y con algunos agentes de la policía haciendo vigilancia. Sus asesinos fueron a buscarlo a otro lado. Ríos estaba cerca de una tienda de comestibles cuando fue acribillado por desconocidos. 

La violencia se ha ensañado contra los periodistas de todo México, pero ha puesto su ojo de sangre y las balas en los que buscan la verdad en las provincias. Todas las vidas truncadas en lo que va del año se registraron fuera de la capital.

En el extremo norte de México, en el estado de Chihuahua, a 1.800 kilómetros de la capital, varios colegas periodistas me habían dicho que las aseguradoras se estaban poniendo renuentes para asegurarles. También me dijeron que la paranoia era un fantasma que se paseaba por las salas de redacciones y un mal que anidaba en el pensamiento de muchos de los que no estaban de acuerdo en que los narcos definan qué es lo que se debe publicar. 

Entre las personas que me dijeron todo eso también estaba ella, una periodista valiente, pero que no quería que llegase la noche porque sabe que después de poner su cabeza en la almohada volverá esa escena en la que sueña que corre por un callejón oscuro, perseguida por hombres a los que no les gustan sus reportajes.  

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