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La danza de los 1.000 millones

14/3/2020 03:00

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Por: Diego Ayo

Parece o podría parecer algo penosamente gracioso dedicar algún tiempo de mi vida a encontrar en la prensa, sin dificultad alguna, artículos que versan sobre la danza de millones que requerimos recuperar.

 O, para ser más precisos, la danza de los mil millones que se rifaron. Parece una cifra mágica que se repite tercamente. Ya lo escuché a Luis Revilla acercarse a este monto: “gastaron mil millones en el Teleférico. Hubiésemos tenido mayor y mejor transporte público con la cuarta parte de este gigantesco monto”. ¿Claro? Clarísimo, y es un innegable problema, cuyo efecto heredamos: los gastos suntuarios y el lujo. Ya lo vimos en los elefantes blancos construidos. Muchos, penosa y abusivamente muchos (me viene a la cabeza el edificio de Unasur en San Benito, ahora que Uruguay ha decidido retirarse de esta organización: ¡61,7 millones de dólares al agua!).

¿Hay más? Pues sí, y mucho: los mil millones de la Cámara Departamental de Exportadores de Santa Cruz dejan en claro el siguiente problema fácilmente distinguible. En 12 años de restricciones a las exportaciones, el país perdió 1.000 millones de dólares de ingresos. 

En enero, el gobierno presentó el decreto supremo que liberó las ventas de productos al exterior. “La norma fue promulgada levanta las prohibiciones, cupos y otras trabas impuestas a la soya, arroz, maíz, ganado en pie y todo lo que se produce en la agroindustria” (Página Siete del 27 de enero de 2020). ¿Resultado? Trabas a los exportadores como nuevo asunto a arreglar.

¿Más? Seguro, y el turno es de los constructores. Confieso que no son mil millones de dólares sino de bolivianos, aunque el problema no es menor: “Es casi imposible cuantificar las deudas, pero es mucho más de lo que podemos estimar, porque, por ejemplo, no conocemos de las deudas que tiene la UPRE (el Evo Cumple) con las empresas u otras instancias gubernamentales. 

De lo que estamos seguros es que el impago es superior a los 1.000 millones de bolivianos”, nos decía Luis Bustillo, titular de la Cámara de la Construcción de La Paz. ¿Hay más? Sí, las obras fueron entregadas a empresas constructoras extranjeras en aproximadamente un 70 por ciento de los casos. Extranjerización del capital boliviano como el problema a remarcarse.

¿Seguimos? Claro. Los médicos invitados de Cuba por Evo Morales también se llevaron mil millones de bolivianos. Como nos decía el ministro de salud Aníbal Cruz, “…de los 702 galenos que llegaron de la Isla a Bolivia, solo 250 tenían título, los demás eran choferes, cocineros y otros, que cumplían otro tipo de tareas, pero ganaban como médicos”. Nuevo problema: ¡regalos indiscriminados a los aliados ideológicos!

Pero no podemos quedarnos ahí. Hay más: el procurador general del Estado, José María Cabrera nos ponía en alerta sobre nuevos mil millones en juego: “…al menos cuatro procesos internacionales que afronta Bolivia ponen en riesgo 1.000 millones de dólares a causa de una posible compensación en caso de fallos adversos”. 

¿Qué tal? Hicieron mal las cosas y ahora debemos pagar indemnizaciones. Problema en juego: arreglos perjudiciales en los juicios. Y quizás acuerdos informales donde se pierde como país para ganar como personas. Es lo que probablemente hizo Héctor Arce con Quiborax: pagamos mucho como país para que algunos delincuentillos se enriquezcan. Recordemos que de tener la obligación de pagar unos miles de dólares, hoy tenemos la obligación de pagar 42,6 millones de dólares. O sea, o fuimos ineficientes o fuimos corruptos. No hay pierde.

¿Yapa? Seguro, la más perjudicial como país: los mil millones que se gastaron en la planta de urea y amoniaco en Bulo Bulo. “El negocio de la planta de urea es deficitario, no cuadra, no cierra, es mal negocio”, aseveró el presidente de YPFB, Herland Soliz. ¿Qué tal? Utilización de recursos del Estado para contentar a los cocaleros o, aún peor, mil millones destinados a utilizar la urea como precursor de la cocaína.

¿Termino? Sí, splo por falta de espacio, aunque sí podría seguir. ¿Cuál es nuestro último caso? Me aboco a la modestísima cifra que soltaba el expresidente Morales en 2017 al referirse a este flagelo: “perdemos mil millones de dólares por año por el contrabando”. Es evidente que está siendo modesto y que el monto es mucho mayor. Sin embargo, me permite dejar en claro el nuevo hecho delictivo: ciertos grupos de poder - ¿burguesías ilegales? - lucran abiertamente en este campo de acción económica.

¿Ultimita? Claro, ayer en la mañana al leer el periódico veía el pedido del senador Ortiz: “vamos a auditar los tres contratos con el empresario paraguayo-venezolano Carlos Gill. Nos referimos a un contrato de adquisición de radares adjudicados a Thales Air System, por 227 millones de dólares; un contrato por la instalación 22 estaciones satelitales de regasificación, de 137 millones de dólares; y un contrato de Mi Teleférico, por más de 5.000 millones de bolivianos. El monto total de fiscalización es de más de 1.113 millones de dólares”. Resultado: amiguismo en las contrataciones.

He ahí esta sucinta danza de los 1.000 millones.



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