Opinión

La democracia de los chicotazos

Peñaranda Raul 1/7/2019 03:43

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El MAS está construyendo un preocupante modelo de democracia. A quienes disienten, a quienes no aceptan la línea troncal ordenada por el oficialismo, se los ataca, persigue y amenaza. Esto es así desde hace años ya, pero mientras el gobierno se mantiene en el poder por más tiempo, la tendencia parece agravarse.

Dos eventos han ocurrido en la última semana que parecen confirmar esta situación. Primero, el dirigente Ever Rojas, en presencia de Evo Morales y de la presidenta del Senado, Adriana Salvatierra, que celebraron sus palabras, dijo que los opositores serían envenenados si llegan a su región, en el norte de Potosí. Luego remachó: “¡wañuchun q’aras” (que mueran los blancos).

Segundo, un grupo de los denominados “ponchos rojos”, de la provincia de Achacachi, rodearon en la plaza Murillo al diputado indígena Rafael Quispe, y los amenazaron con chicotearlo. “Vos nos has criticado”, decían. Y claro, ante ello, había que azotarlo.

Los dirigentes que han realizado esas declaraciones son, en realidad, cobardes. Como están en el poder pueden llegar a la plaza Murillo, o hablar a la sombra del presidente Morales en un acto en Potosí, y lanzar epítetos y ultimátum. Estas bravuconadas no las harían jamás estando en igualdad de condiciones. Es la democracia del MAS, la de los gentíos que portan chicotes para callar a cualquiera que se quiera interponer en su camino.

Esa línea de acción proviene de las altas esferas del gobierno. El presidente Morales, el vicepresidente Álvaro García Linera, el ministro Juan Ramón Quintana y otras autoridades han hecho de esa retórica malsana su arma política más importante. Uno amenazó con matar a un exgobernador “para que se lo coman los gusanos” y el otro sugirió a estudiantes de primaria que usen dinamita para enfrentar a sus adversarios. El jefe de ambos ha denostado, pero exhibiendo muchas veces la simpleza de sus ideas, a todos quienes no piensan como él.

Esa es la democracia del MAS, la de los chicotazos, la de los puntapiés, la de las “waikeadas” (abuso de varios contra uno). Pero éste no es un invento masista, de ninguna manera. Nuestra historia está llena de esos ejemplos y, en vez de irse reduciendo, han aumentado en la última década. Y a nivel internacional los ejemplos abundan notoriamente. Muchos de ellos son amigos de Evo, como Erdogan, el presidente turco; Putin, de Rusia; Maduro, de Venezuela; u Obiang, de Guinea Ecuatorial, aferrados al poder mediante debilitar la democracia y montar un sistema que convierte en enemigos a quienes no comulgan con ellos. Trump, en EEUU, hace lo mismo, y aunque no es amigo de Morales, las similitudes entre ambos son evidentes: manía en el uso del Twitter, compleja relación con las mujeres, insultos lanzados a sus rivales, amenazas vertidas contra la prensa y la idea que tienen en la cabeza de que son los mejores presidentes que sus países han tenido.

El modelo de la “democracia de los chicotazos” es el que está en juego en las elecciones de octubre. Si Evo gana y el modelo se mantiene, todas las libertades democráticas estarán en serio riesgo.

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