Opinión

La depresión tiene remedio

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19 de abril de 2017, 4:00 AM
19 de abril de 2017, 4:00 AM

Paseaba distraída por una calle de la ciudad cuando alguien me tomó del brazo, llamándome por mi nombre. Di vuelta para mirar quién era y ahí estaba –mis ojos no daban crédito a lo que veía–  una mujer en sus sesenta, muy bien arreglada, con el pelo suelto sobre los hombros, brillo en los ojos, sonrisa amplia y una voz clara y vital. La había conocido hacía un año y medio, cuando llegó a consulta traída por su hermana. 

En ese entonces tenía el pelo y la piel mustios, la mirada al vacío, la sonrisa borrada, la cara inexpresiva. Apenas hablaba. Me había contado con el mayor desgano, que estaba cansada, no tenía ganas de nada, no iba a la oficina hacía tres meses, no deseaba estar con nadie y solo quería que la dejaran en paz, en su cama, en su cuarto. Quería morirse. Me dijo no entender lo que le pasaba porque tuvo una infancia feliz, su marido era un pan de Dios, los hijos buenos y nada le faltaba en la vida. La hermana añadió que en realidad estaban muy enojados, porque “se le ocurrió” venirse abajo justo cuando el esposo enfermó gravemente y se esperaba que ella se hiciese cargo de la empresa. 

Gracias a las neurociencias hoy sabemos que la depresión es un problema de salud relacionado con la química y el funcionamiento cerebral, que no depende de la voluntad de quien la padece. En ese entonces, la derivé a un centro de salud mental en el que pudiera recibir internación de día para ser tratada de manera intensiva, con servicios de psiquiatría, psicología y terapia ocupacional. He visto recuperaciones, pero esto era un milagro, así que le pregunté a ella misma qué le había hecho tanto bien. “Mirá –me dijo– caminé 40 cuadras cada día de ida y vuelta al centro, tomé mis remedios, hice terapia, y fui a todos los talleres de manualidades, eso me sostuvo, pero lo que me hizo encender la chispa de la vida de nuevo, fue la charla, la risa y los abrazos diarios con mis compañeras”. Medicación, terapia, ejercicio, alimentación sana, descanso adecuado, aromas agradables, oficio y, especialmente, contacto físico afectivo. 

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