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OPINIÓN

La “díada” derecha-izquierda

Alberto Zelada Castedo 12/10/2019 03:00

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Desde su nacimiento, en tiempos de la Revolución Francesa, la “díada” derecha-izquierda para caracterizar a las principales y opuestas fuerzas de un sistema político, ha sido empleada tanto en el lenguaje de los cientistas políticos como en el vocabulario de los políticos. La que en sus orígenes fue una descripción de la ubicación espacial de los miembros de la Asamblea Nacional francesa devino, a lo largo del Siglo XIX, en la contraposición clave para diferenciar tanto la ideología como la índole de la acción de las diferentes fuerzas políticas.

En la segunda mitad del Siglo XX, invocando diversas y más o menos convincentes razones, muchos pensadores y analistas consideraron que la famosa díada estaba superada.

Se atribuye al filósofo francés Jean Paul Sarte la afirmación de que las expresiones “derecha” e “izquierda” se habían convertido en “cajas vacías” o en dos cosas sin sentido. Como expone Norberto Bobbio, en un ensayo publicado en 1995 que pronto se convirtió en un verdadero “best seller”, tres fueron los principales fundamentos invocados para arribar a esta conclusión: 1. El fin de las “ideologías”, 2. La síntesis de derecha e izquierda en una convergencia o “tercera vía” y 3. La aparición de nuevos movimientos que, en apariencia, no entran en ninguna de las dos categorías (entre otros, los verdes). Con todo, para el pensador italiano el fundamento más sólido parece estar en la convicción, compartida por muchos analistas, de que al “desaparecer” la derecha - después de la Segunda Guerra Mundial - ya no existe la izquierda y al desaparecer la izquierda - después de la caída del socialismo soviético - ya no existe la derecha, pues ambos términos son correlativos.

Para Norberto Bobbio, estas aseveraciones, a pesar de sus aparentemente fuertes fundamentos, no se sostienen y quedan desmentidas por una no menos amplia y sólida práctica del empleo de las expresiones “derecha” e “izquierda” para “designar el conflicto entre las ideologías y los movimientos en que está dividido el universo, eminentemente conflictivo, del pensamiento y de las acciones políticas”. 

Aceptada esta realidad y al no caber duda de que los dos términos no son “cajas vacías”, lo que importa es definir un criterio razonable para diferenciar ambos conceptos. No basta con admitir que esta u otra fuerza es de izquierda o de derecha o que tal o cual acción se orienta hacia la izquierda o hacia la derecha, es necesario precisar qué se entiende por estar en uno u otro extremo de la “díada”.

Según el pensador italiano, “el criterio más frecuentemente adoptado para distinguir la derecha de la izquierda” se refiere a la “diferente actitud que asumen los hombres” frente al “ideal de la igualdad” que, junto con los de la “libertad” y la “paz”, es uno de los fines últimos por los cuales están dispuestos a luchar. No se trata de una igualdad absoluta sino debidamente acotada según los sujetos a los que se pretende igualar, los bienes o gravámenes que se pretende repartir y el criterio para repartirlos. De este modo, es posible que existan distintos tipos de repartición “igualitarias”.

Para la izquierda las desigualdades no son naturales, son sociales. Por consiguiente es posible modificarlas y, sobre todo, eliminar las barreras que impidan que los hombres sean menos desiguales. La derecha, en cambio, “está más dispuesta a aceptar lo que es natural”, vale decir la desigualdad. Quienes se ubican a la izquierda, concluye Bobbio, se entienden “igualitarios” y, en consecuencia, tienden a “atenuar las diferencias”, mientras que los “no igualitarios” (de derecha) tienden a reforzarlas.