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El famoso físico alemán, Albert Einstein, una vez regaló a la humanidad una frase que ha servido de inspiración en el pensamiento estratégico: “los problemas no pueden resolverse al mismo nivel de conciencia que los creó”. Esta frase que si bien tiene más de 40 años de antigüedad, sigue siendo aplicable para muchas de las dificultades con las que nos encontramos en el día a día en nuestro país.

En un contexto difícil, con problemas y desafíos ambientales afectando la región, es importante la reflexión hacia un concepto que debe ingresar en nuestras políticas regionales y nacionales: la producción en el marco de la sostenibilidad de la economía circular. El término economía circular viene usándose en el mundo desde la década de los ochenta y se refiere a una alternativa al sistema lineal de producción (hacer, usar y disponer), basado en la producción en forma circular (producir, consumir, reutilizar, reciclar) en el que se utilizan los recursos lo máximo posible, extrayendo su valor y regenerándolos de mejor manera. El concepto se enmarca en los objetivos de desarrollo sostenible de Naciones Unidas, en el que se fomenta el consumo y la producción responsable a nivel mundial.

La economía circular puede crear oportunidades de crecimiento al disminuir los desperdicios, generar mayor nivel de productividad de los insumos y reducir el impacto ambiental de producción y consumo. El enfoque parte desde la identificación de los desperdicios que pueden ser reutilizados, la implementación de estrategias de reutilización de residuos dentro del mismo proceso productivo o en procesos de diversificación en los que se puedan obtener nuevos productos o servicios.

Precisamente en este último punto es cuando debe surgir la creatividad y la innovación. Siendo Bolivia un país con alto nivel de concentración productiva, reflejado en las exportaciones de productos con poco valor agregado, un enfoque hacia la diversificación productiva de manera sostenible debe ser la política de Estado que enfatice el trabajo, la creatividad y el talento de los bolivianos. Un enfoque circular puede permitir la implementación de alternativas productivas sostenibles que garanticen el abastecimiento de alimentos, la generación de empleo y la productividad de la producción. El papel de las startups y los emprendimientos jóvenes, es crucial en este enfoque, ya que brindan en el mercado una oferta alternativa a los procesos tradicionales de producción.

Sin embargo, para que podamos fomentar este concepto es necesario también concienciar la demanda, es decir, fomentar el enfoque sostenible no solo al productor si no al consumidor boliviano para que valore y demande estos productos y servicios.

Finalmente, enfocándonos en el futuro, la educación sobre la sostenibilidad y la valoración del medio ambiente es clave, y debe partir de las aulas, formando bolivianos ambientalmente responsables y futuros emprendedores innovadores, que al crear nuevas ideas de negocio recuerden siempre que estamos aquí de paso, y el planeta en el que vivimos, no nos pertenece.

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