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La educación boliviana, sin rumbo

Manuel E Contreras 15/2/2021 07:51

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El estado de la educación en cualquier país es el resultado del comportamiento de tres actores claves: el Estado, los/as maestras, y los/as alumnos, que junto con la infraestructura y suministros pedagógicos con los que cuenta y el currículo que utiliza conforman “el sistema educativo”. En el caso de Bolivia, el “sistema en uso”, es aquel diseñado en parte en la Ley Avelino Siñani – Elizardo Pérez (LASEP) en 2010.  Huelga decir que los resultados que logra un determinado “sistema educativo” son aquellos que corresponden a su diseño.

Veamos cómo se aplica esto al caso de Bolivia. ¿Qué resultados ha logrado el sistema educativo?: En octubre de 2017 se realizó el diagnóstico de aprendizaje de estudiantes de 3° y 6° grados de primaria utilizando instrumentos, para las pruebas, del Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo, que fue aplicado el año 2013 (ocho años antes) en varios países de la región. 

Estos datos sobre Bolivia, a saber, no están disponibles para el lector. Se imaginan la oportunidad perdida al no contar con esta información por la terquedad del ex ministro de educación Roberto Aguilar

Bien, sobre una escala de cuatro niveles de desempeño, el estudio señala que 53,8% de los alumnos/as de de primaria en Bolivia están en el nivel más bajo. Es decir, a siete años de iniciada la reforma LASEP, más de la mitad de sus hijos e hijas, en palabras de OREALC/UNESCO, “solo son capaces de localizar información explícita y realizar inferencias sencillas en textos breves y de estructura familiar …” y “no son capaces de interpretar lenguaje figurado, reflexionar, emitir juicios y reconocer tipos de textos de estructuras no familiares ni tan cercanos” (énfasis mío). 

Los resultados en matemáticas no son mejores, el 62,2% de la matricula está en el nivel más bajo, también inferior al promedio en América Latina.  Por ultimo, la reforma tampoco logró cerrar la brecha urbano-rural.

Un análisis de OREALC/UNESCO realizado en 2019, indica que el currículo de lectura si bien, por una parte, ofrece “diversidad textual” en 3° y 6° grado, por otra, tiene omisiones, nada más y nada menos que en “estrategias de lectura” y “decodificación.”  A su vez, el currículo de matemáticas, rico en temas poco complejos como “números y operaciones” y “geometría”; es pobre en áreas de mayor complejidad como “estadística y probabilidad” y “patrones y álgebra.”  

Ahora bien, gracias a ese estudio conocemos “qué” se enseña, pero no sabemos “cómo” se enseña, debido a la ausencia de acompañamiento y seguimiento a los y las maestras en aula que la reforma de 1994 (sí, me refiero a la reforma neoliberal) tenía a través de los asesores pedagógicos. Este sistema fue suprimido en 2003 y como era de esperarse, el gobierno de Evo Morales no lo restituyó.

Una premisa del análisis organizacional es que, para obtener resultados diferentes, debe haber comportamientos diferentes de los actores claves, caso contrario, como es de esperarse, obtendrás exactamente los mismos resultados.

Ahora analicemos a los tres actores. El Estado no va a modificar la LASEP, mas bien todo lo contrario.  Dudo que el Ministerio de Educación desarrolle un sistema para hacer seguimiento en aula, donde efectivamente ocurre el proceso de “enseñanza aprendizaje.” Por lo ocurrido en los últimos 14 años de gobierno del MAS, es poco probable que lo haga.

Los/as maestros, están cómodos donde están.  ¿Cuál seria su incentivo para cambiar?  Pero, asumamos que quisiesen cambiar, ¿quién los entrena? (son aproximadamente 150,000 maestros y maestras en las planillas del ministerio). Además, ¿en cinco años?  Lo veo muy difícil.

Por último, el tercer actor: los alumnos y alumnas (aproximadamente 3 millones) sólo conocen el tipo de educación recibido a la fecha.  Esa que obtuvo los resultados antes anotados.  Además, les aseguro que aun no entienden la educación descolonizadora, liberadora, revolucionaria, antiimperialista y despatriarcalizadora corazón de la LASEP.

Como anoté en un artículo el año pasado, mientras no hagamos seguimiento a la calidad de la educación, continuaremos dando “palos de ciego” con el 5% del Producto Interno Bruto (PIB) asignado a la educación escolar (el otro 2% del PIB, es para las universidades públicas). Lamentablemente, a pesar del enorme esfuerzo fiscal, hay un “pacto de la mediocridad” similar al que señalé hace décadas atrás en las universidades: “yo hago como que enseño, tú haces como que aprendes y, si ninguno dice nada, todos seguimos tranquilos nomás.”  

Rompamos con este perverso pacto, las evaluaciones de 2017 y 2019 indican que, a pesar de la retórica, el emperador, efectivamente, está desnudo.

Mejorar la calidad y convertir el gasto educativo en genuina inversión como política de Estado, es, en mi opinión, el verdadero desafío para los próximos gobiernos; sin embargo, reconozco que reformar un sistema educativo es una tarea gigantesca; algo similar a intentar cambiar la dirección del Titanic, para que no colisione con un iceberg y se hunda. 

A la luz de lo anterior, concluyo con tres sugerencias.  Primero, que el ministerio de educación focalice su accionar (sí, ya sé que focalizar es una palabra neoliberal, pero no conozco otra) para lograr cambios marginales positivos en la calidad de la educación. Segundo, para mis colegas analistas, no gastemos tanta tinta en el tema educativo.  

Fernando Reimers de la Universidad de Harvard ya ha estudiado este tema a profundidad. Por qué no, más bien analizar el triste estado de las universidades públicas que gastan dos puntos del PIB.  Tercero, si están de acuerdo con este análisis, por favor circúlenlo por sus redes.  Para eso lo escribo.

Ah, noten que no he mencionado el COVID.  Hay mucho que leer sobre el tema COVID y educación.

Una ultima recomendación: por favor cuídense.  Ayudemos a aminorar los efectos de esta pandemia.

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