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La educación no acaba en la universidad

Javier Paz García 12/10/2020 08:02

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Cuando a Warren Buffet le preguntaron por un consejo respondió: “El consejo que les daría es que lean todo lo que puedan y comiencen desde jóvenes… Si encontrás tus intereses, comenzás desde joven y leés mucho, te va a ir bien”. Buffet, un nonagenario, con una de las fortunas más grandes del mundo, sigue dedicando varias horas al día a leer y aprender. Bill Gates, cuenta que tuvo la fortuna de tener padres que lo motivaron a leer, lo que considera fundamental para lograr el éxito que tuvo y una de sus costumbres es aislarse una semana entera dos veces al año, sólo para leer.

En la vereda opuesta podemos encontrar al estudiante que luego de graduarse festeja porque no tendrá que agarrar un libro más en su vida. El inconveniente de esta mentalidad radica en que los empleos mejor pagados son aquellos que requieren conocimiento, y el flamante graduado universitario en realidad sabe poco o nada. El fin de la educación formal es el inicio de un largo camino de aprendizaje que no acaba nunca y que de hecho cada vez se hace más empinado. 

Mientras más ascendemos en una organización y aumenta nuestra responsabilidad, mayor es la necesidad de capacitarse. Verne Harnish, autor del libro Scaling Up, sugiere que un empleado de nivel inicial debería invertir por lo menos 4 horas al mes en entrenamiento y desarrollo, un gerente de nivel medio unas 24 horas y un ejecutivo entre 45 a 60 horas al mes en entrenamiento y desarrollo. Esto significa asistir a talleres, leer libros y artículos, participar en foros y debates, etc. Esto no solo significa que los líderes de una organización deben ser los que más tiempo inviertan en capacitarse, sino también que los jóvenes que aspiran a puestos de liderazgo, deberían imitar este comportamiento e invertir tanto tiempo como les sea posible en aumentar su conocimiento. 

Zig Ziglar, uno de los gurús del marketing y las ventas decía que “la gente rica tiene televisores pequeños y bibliotecas grandes y la gente pobre tiene bibliotecas pequeñas y televisores grandes”. Yo le doy dos significados a esta frase: el evidente que la mayoría piensa sobre la riqueza y la pobreza: la cantidad de dinero que uno tiene; pero hay un sentido adicional que no tiene que ver con el dinero. Cuando leemos, cultivamos la mente y nos enriquecemos espiritual e intelectualmente, en este sentido, pobre es aquél que no cultiva su mente. Como lo dijo Confucio 2.500 años atrás, “no importa lo ocupado que pensás que estás, debés encontrar tiempo para leer, o entregarte a una ignorancia autoelegida”.