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La emergencia 2021

Pablo Mendieta 31/12/2020 07:14

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El efecto de la pandemia ha sido catastrófico. Se han perdido entre febrero y octubre 200.000 puestos de trabajo (entre cesantes e inactivos) en el área urbana, de los cuales 120.000 son obreros y empleados y 40.000 son empresarios.


Los menores ingresos y la imposibilidad de trabajar ha hecho que, solo hasta agosto, los ingresos en el área urbana hayan sido aproximadamente Bs 27.000 millones menos en términos acumulados respecto a su nivel normal. Para tener perspectiva de este monto, las transferencias extraordinarias a la población en todo el año fueron casi Bs7.000 millones. Por tanto, existen al menos Bs20.000 millones menos de ingresos.


En síntesis, en 2020 se produjo menos, cayeron los ingresos laboral y empresarial y, en consecuencia, se gastó menos. Tanto la oferta (producción) como la demanda (gasto) se vieron perjudicados y no sólo en sectores específicos sino en toda la economía.


Permítanme ilustrarlo a partir del sector más afectado por la pandemia, la construcción, con una caída de más de 50% en el primer semestre. Varias casas y departamentos nuevos no se construyeron, otros se detuvieron a media construcción y otros más se postergaron. De igual forma, la paralización de la inversión pública explica la caída del sector.


El desplome afectó negativamente al albañil hasta la corredora de propiedades, pasando por el arquitecto y la vivandera que vende alimentos a los albañiles. Hasta aquí sólo pareciera que un sector fue afectado.


Pero no es así. El arquitecto no tuvo ingresos y dejó de lado a los practicantes remunerados. La corredora de propiedades no pudo pagar las pensiones escolares y afectó las finanzas del colegio. A su turno, el albañil no alcanzó a pagar su cuota mensual al banco y la vivandera no pudo pagar sus arriendos y complicó a quien vive de esos alquileres. Lo propio sucedió con los comerciantes que viven de la venta de insumos para la construcción hasta los corredores de seguros.


De ellos, el albañil ha tenido un respiro por el diferimiento en el sistema financiero y la vivandera por la reducción de los alquileres, además que ambos recibieron algún bono del Estado.

El resto de la cadena productiva, de suministro y de pagos se vio perjudicado sin alguna solución ni ayuda temporal. Además que en el caso del albañil el diferimiento cesará en estos días; y respecto a la vivandera, en algún momento terminará el diferimiento de alquileres y de recibir los bonos de emergencia..


Frente a ello se requiere menos discusión respecto a los “14 años” y los “11 meses” y centrarnos en la emergencia de los “365 días” que vienen, puesto que las obligaciones financieras, tributarias y habitacionales volverán con fuerza en 2021.


Trabajadores y empleadores han estado como en la Gran Depresión de 1929: sin una ayuda efectiva y contundente. El plan de reactivación que se promulgó a mediados de año no se implementó por la disputa entre los Órganos Legislativo y Ejecutivo. Y luego de su eliminación, no se cuenta todavía con una alternativa contundente.


Casi todos los países han optado por crear grandes líneas de financiamiento temporal además de ayuda a los hogares vulnerables. Adicionalmente se ha potenciado al sistema financiero para que pueda canalizar estos recursos.


Dada la naturaleza mundial de la crisis, sólo tenemos que ver las 200 experiencias restantes y encontrar elementos para un plan contra la crisis más adecuado al nuestro.


La única precaución es que la inyección de recursos podría convertirse en reducción de reservas internacionales, para lo cual es conveniente concentrarnos en cómo conseguir recursos frescos del exterior.


Figurativamente, no “tenemos muchas balas” dada la complicada situación fiscal y financiera. Por tanto, veamos dónde apuntar y cómo tener el mayor impacto.


En los ámbitos sanitario y económico, debemos velar a que exista la menor cantidad de bajas, que no existan secuelas, que la ayuda sea oportuna y que la recuperación sea rápida.

Así, sonreiremos con alivio dentro de 365 días.

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