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Un recorrido de EL DEBER durante una jornada de erradicación de cultivos de coca en el trópico de Cochabamba permitió constatar las dificultades con que tropieza esta importante tarea para disminuir la incidencia del narcotráfico en Bolivia: resulta que las fuerzas erradicadoras no cuentan con ningún helicóptero para llegar a los lugares alejados y de los vehículos en tierra solo funciona el 80 por ciento de ellos.

Como es previsible, los cocaleros siembran coca ilegal en las zonas más alejadas de los centros urbanos, y es precisamente allí donde las fuerzas de la Policía y el Ejército no tienen manera de acceder. Las cuatro aeronaves destinadas a este trabajo están inutilizadas en espera de una auditoría al proceso de compra de repuestos para los helicópteros.

Según las autoridades, se requiere ingresar por vía aérea a zonas del trópico cochabambino y también a regiones de los Yungas, como San Elena, Apolo San Fermín y Cuenca del Río Cotacajes.

Pero ese no es la única dificultad; también el transporte terrestre de las fuerzas erradicadoras conjuntas está disminuido y se calcula que al menos el 20 por ciento de los vehículos se encuentra en mal estado y fuera de uso. El ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo informó, durante el recorrido, que se analiza las alternativas de fortalecer la unidad responsabilizada del mantenimiento de los vehículos o de adquirir nuevos motorizados.

Los efectivos de la erradicación son aproximadamente 1.700, los mismos que están desplazados en campamentos en las zonas productoras.

Las autoridades aseguran que de la meta fijada por el Gobierno para el año 2021, que es de 9.000 hectáreas de cocales erradicados, actualmente se tiene un avance de 3.262 hectáreas destruidas, de las cuales 2.791 están en el trópico de Cochabamba y 470,7 hectáreas en los Yungas.

Las tareas de erradicación comenzaron tardíamente en el mes de abril. El viceministro de Defensa Social, Jaime Mamani, estima que hay un aumento de plantaciones de coca en el sector de Yapacaní y en la reserva del Choré, donde se calculan unas 200 hectáreas ilegales.

Las carencias de los equipos de erradicación deben ser atendidas con urgencia por el Estado para cumplir la meta anual de erradicación. La lucha contra el narcotráfico tiene que ser una tarea permanente del Gobierno, pese a la afinidad política del partido gobernante con los campesinos productores de coca del trópico Cochabambino, cuya producción, se sabe, se destina prácticamente en su totalidad a la fabricación de cocaína.

La producción autorizada de cultivos de coca en Bolivia alcanza a 22.000 hectáreas en todo el territorio nacional. En teoría, solo debieran existir 14.300 hectáreas en la región de Yungas que se destinan casi íntegramente al consumo tradicional, y 7.700 hectáreas en el trópico de Cochabamba.

A finales de julio se prevé conocer el estado de los cultivos de coca en el país, con la entrega del informe de monitoreo que realiza la oficina antidrogas de Naciones Unidas. El reporte permitirá conocer las cifras del 2020 y ofrecerá una aproximación a la producción de coca en tiempos de cuarentena por efecto de la pandemia del Covid-19.

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