Opinión

La estrategia post conflicto

El Deber logo
19 de agosto de 2020, 5:00 AM
19 de agosto de 2020, 5:00 AM

Guido Áñez

Los conflictos en Bolivia tienen un tinte cada vez más delictivo que reivindicativo de situaciones sociales de marginación, injusticia o pedidos de mejor calidad de vida del ciudadano. Desde la aparición política de Evo Morales en el sindicalismo, en la década de los 90, estos conflictos han cambiado su rol reivindicativo para convertirse en un manto de protección del crimen organizado y el narcotráfico; el libreto es el mismo: ahogar las ciudades, cortar las rutas de suministro de alimentos, paralizar el transporte, la industria y el comercio, evitar la provisión de combustibles, gasolina, diésel y gas licuado y, ahora, evitar la provisión de oxígeno a los hospitales para los enfermos del Covid 19. Empieza con una petición y van radicalizando sus demandas a medida que avanza el conflicto. Los conflictos de octubre de 2003, de noviembre 2019 y agosto del 2020 tienen la misma metodología y los mismos actores: provocar muertos y luego victimizarse, y en los tres casos provocar la renuncia del gobierno constitucional, o evitar su consolidación. La víctima termina siendo la ciudadanía y el daño al país es incuantificable. 

Necesitamos pasar esta página negra de nuestra historia. No será fácil porque han convertido al narcotráfico en un arma de financiamiento de sus movilizaciones y la cocaína en un arma política para "acabar con el imperio" bajo el disfraz de un discurso nacionalista, racista y de defensa de la hoja de coca excedentaria.

Ahora que pareciera que tenemos un verano hasta el 18 de octubre, es importante reflexionar sobre el futuro. 

Inmediatamente, el gobierno tiene que aplicar la ley contra todos aquellos dirigentes que han cometido delitos en las movilizaciones privando oxígeno a los hospitales, gritando como si fuera un juego: "Ahora sí guerra civil", a aquellos que amenazan con armas de fuego a la ciudadanía, y esto debería ser una decisión de todas las fuerzas democráticas del país, porque hoy la acorralada ha sido Jeanine Añez y mañana será cualquiera que asuma el gobierno, peor si no se logra la unidad y tal como están ahora peleando quién puede ser el segundo para pasar a una segunda vuelta, sin importarle tener un Parlamento en contra ni tener capacidad para desmontar la estructura jurídica, política delincuencial movilizadora de 14 años de dictadura. 

De las medidas políticas post conflicto depende el éxito o el fracaso del próximo gobierno y de un retorno pleno a la democracia, así como de la capacidad de concertación que puedan tener los principales candidatos a la presidencia. Los ciudadanos solo necesitamos un poco de desprendimiento, menos egocentrismo y más amor a la patria de los candidatos democráticos.
 O se unen o todos sin excepción o serán culpables del retorno del dictador.

Tags