Opinión

La estupidez no tiene límites

El Deber logo
3 de agosto de 2018, 4:00 AM
3 de agosto de 2018, 4:00 AM

Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana. Y aunque la estupidez es un concepto que no tiene una definición teórica indiscutible, no hay duda que muchos la practican. Ojo, no es lo opuesto a inteligencia porque hay personas inteligentes que de vez en cuando hacen alguna estupidez. Una definición convincente fue dada por el historiador y economista italiano Carlo Cipolla: “… una persona burra (estúpida) es aquella que causa algún daño a otra o a un grupo de personas sin obtener ninguna ventaja para sí mismo y hasta se puede perjudicar..”.

La estupidez tiene una peculiar vocación de traducirse en acciones y por eso mismo se vuelve peligrosa. Cipolla indica que hasta los inteligentes tienden a desvalorizar los riesgos provocados por la estupidez. La burricie es más peligrosa que la crueldad, la misma que teniendo una lógica comprensible puede por lo menos ser prevista y enfrentada.

La estupidez (burricie) tiene tres características fundamentales: 1) es inconsciente, el estúpido no sabe que es burro y tiende a repetir varias veces el mismo error. Esta característica contribuye a dar más fuerza y eficacia a la acción devastadora de la estupidez. El estúpido no reconoce sus propios límites, se fosiliza en sus convicciones y no sabe cambiar. La estupidez es la peor enfermedad por ser incurable.

2) La estupidez es contagiosa. Las multitudes son mucho más estúpidas que las personas que la componen. Eso explica porqué poblaciones enteras (Alemania nazi) pudieron ser fácilmente condicionadas a perseguir objetivos insanos. El contagio emotivo propio de los estúpidos disminuye su capacidad crítica. Por ejemplo, en la toma de decisiones se escoge siempre la solución más simple que en la mayoría de las veces es la menos inteligente.

3) Hay un factor que amplifica la burricie: estar en una posición de liderazgo. El poder amplifica la estupidez. Cuando se está en el poder las personas son inducidas a pensar que justamente por ocupar un puesto son mejores, más capaces, más inteligentes y más sabias que el resto de la humanidad. Aparte de eso, los líderes burros están cercados por aduladores, seguidores y aprovechadores que refuerzan a cada momento esa ilusión, de esta forma quienes están en el gobierno llegan a cometer las más graves faltas con aprobación generalizada. La historia cuenta que el Rey francés Luis XVI el 14 de julio de 1789 (fecha de la caída de la Bastilla) escribió en su diario: “Hoy, nada de nuevo”. El general George Custer fue estúpido cuando atacaron a los indios en Montana en 1876. El resultado fue que una centena de soldados del ejército norteamericano fueron masacrados por los indios Sioux y Cheyenes. O, peor todavía, la acción estúpida de Napoleón de atacar Rusia en pleno invierno de 1812: el ejército francés fue diezmado por el frío y el cansancio.

En cada uno de nosotros hay un factor de burricie que es siempre mayor de lo que nos imaginamos. La estupidez nos permite errar y en la experiencia del error hay siempre un progreso del conocimiento. Así la llave para anular la estupidez es reconocer los propios errores y corregirlos.

Los actuales gobernantes desde que asumieron el poder han cometido una gran cantidad de errores que sin duda podrían ser la base para hacer toda una tesis de la estupidez. Hay una lista inmensa de acciones estúpidas que el MAS y la cúpula gobernante han cometido y que cuadra perfectamente en las características explicadas en los párrafos anteriores. Violar la Constitución y el no reconocimiento del 21F son una muestra de ello.

Tags