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Mi abuelo Hugo Salmón Tapia murió casi diez años antes de que yo naciera. Así, solo me llegaron sus historias, sus anécdotas. Hombre de su época se presentó a la conscripción para ir a luchar a las arenas del Chaco el mismo día en que la patria convocó a los suyos y estuvo ahí los tres años de la contienda. Volvió con una herida, una medalla y la convicción de que había que cambiar Bolivia. Y se hizo político, fue secretario privado de Gualberto Villarroel y se salvó de ser linchado porque mi abuela Roxana fue a sacarlo del Palacio antes del ajusticiamiento. Hugo quiso quedarse, así entendía él la lealtad, pero el presidente, tal vez sabedor de lo que vendría, le ordenó acompañar a su mujer hasta su casa. Eso le salvó la vida.

Salió exiliado junto a muchos movimientistas. Se fue a Buenos Aires donde su título de Abogado no servía para nada, por lo que aprovechando su metro noventa y cuatro trabajó hasta de cargador de puerto. En esa Argentina de la segunda mitad de la década de los 40, del siglo pasado, recibió el apoyo de hombres y mujeres del peronismo.

Con Carlos Montenegro y otros, el abuelo Hugo frecuentó los círculos del movimiento político más importante del país del Río de la Plata. Ese que fue parido por Eva Duarte más que ningún otro.

Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de la mujer que inventará a Juan Domingo. Una especie de Manuelita Saenz, de la que Simón Bolívar diría que fue la libertadora del libertador. Bueno Eva fundó el peronismo como ideal y como fuerza transformadora.

Cien años después la patria de Mariano Moreno, Bernardo Monteagudo y Manuel Belgrano debe de nuevo elegir qué banderas reivindicará.

Después del desastre del ‘macrismo’, del hambre, del saqueo, en fin, del neoliberalismo, no hay más salida que apostar de nuevo por Cristina. Me lo dijo un librero de la calle Corrientes que considera que soy su principal cliente, “quiere usted la diferencia: con Cristina comíamos”.

México enarbola las banderas de la transformación. El Partido Obrero Socialista Español está obligado a levantar las banderas de la izquierda pues tiene que hacer gobierno con Unidos Podemos. Venezuela resiste y el golpe ha quedado en pantomima, el año se cerrará con las victorias del populismo de izquierda (ese que ha sacado a 72 millones de latinoamericanos del hambre y la miseria) en Argentina y Bolivia.

Y Eva y Hugo sonreirán en el Parnaso de los hombres y mujeres que creyeron que es posible un mundo diferente. Uno que soñó mi abuelo en el Chaco mientras él, hijo de patrones, se abrazaba a sus compañeros indios para defender a la patria. Para construir el mañana.