Opinión

La fuerza de la legitimidad

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3 de junio de 2018, 4:00 AM
3 de junio de 2018, 4:00 AM

Alain Touraine es considerado uno de los más importantes sociólogos contemporáneos. Manifiesta  “que el debilitamiento general de la democracia tiene como causa última la creciente disociación entre gestión pública y demanda de los consumidores.

Afirma, en definitiva, que entre el Estado estratega y los electores consumidores, el espacio de la ciudadanía se ha vaciado y solo ha sido ocupado por las empresas de comunicación política, por la producción y, a veces, la venta de votos, produciéndose en consecuencia un distanciamiento cada vez mayor entre ciudadano y Estado”.  Es importante una reconciliación Estado-sociedad a partir de algunos cambios que se puedan generar consolidando la fuerza de la legitimidad en los procesos sobre todo electorales; sería un gran aporte que el soberano elija a sus verdaderos representantes directos legítimos y no así listas de desconocidos colgados sin representación alguna. 

Es indudable una revalorización de la clase política, la sociedad necesita creer en su gobierno, necesita tener certezas para su tranquilidad y confianza en el futuro. Para ello, los gobernantes tendrían que ser un referente, que su poder parezca una consecuencia necesaria de los problemas y soluciones reconocidos por las mayorías; necesitamos una clase política visionaria que se haga cargo de los desafíos actuales.

Hasta dónde llega la falta de credibilidad del soberano, según  datos de encuestas de opinión pública, que todos los políticos le parecen lo mismo. 

La desconfianza en la clase política es uno de los aspectos severos de las crisis del país y es muy profunda. Hoy nuestro sistema político oferta partidos sin programas, desconectados de la sociedad y elecciones ganadas a los que invierten recursos económicos,  además con  candidatos  que son un conjunto heterogéneo de especuladores, eternos candidatos locales y militantes reciclados  de otras tiendas. 

Ahora, para que la democracia tenga bases sociales  es necesario lograr una correspondencia entre demandas sociales y ofertas políticas. 
Por otra parte, en nuestro medio otro factor de crisis es que los partidos o agrupaciones  no producen líderes, sino los líderes a los partidos y grupos. A veces, incluso se toman líderes de un perfil público adquirido en otros ámbitos, que crean un instrumento  en el que se apoyan para participar en procesos electorales. En muchos de los casos logran algunos representantes electos obviamente prebendales. 

Frente a eso es imprescindible darle una  solución  a  la crisis  de los partidos políticos. Por definición, su función principal es la defensa de los  intereses determinados y tiene por objetivo alcanzar el poder político, ejercerlo y aplicar un programa, producir liderazgos y ser el articulador Estado-sociedad. En definitiva, el reto  es  asumir la instauración de una democracia con participación consciente, activa, libre, responsable y eficaz, que permita el desarrollo humano, mediante la afirmación absoluta del sujeto y de sus derechos fundamentales, donde cada individuo ha decidido defender sus derechos legítimos.

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