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La generación perdida: de centennials a pandemials

Javier Medrano 10/6/2021 05:00

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Vivimos tiempos de ira y furia. Ira por los altísimos niveles de incertidumbre, de perder a familiares, amigos, ver nuestros negocios quebrar, dar cortinazos con la garganta apretada, mirar la ineficiencia de los políticos mastuerzos, justificando a diario su absoluta incompetencia. Es ahí cuando la ira muestra su peor rostro en estos tiempos de indefensión al tornarse obsesiva, destructiva y es canalizada con furia para infligir dolor y desgracia. Alguien tiene que pagar. Alguien tiene que ser el depositario de esa ira y furia. Peligrosa combinación en una sociedad, que además, está enfangada en una crisis económica.

Las crisis se suceden. La desigualdad aumenta, el crecimiento se estanca, el medioambiente se deteriora y la pandemia de covid-19 ha dejado al descubierto las debilidades del sistema. Y entre todas las víctimas está la llamada generación Z que se mueve en un aislamiento forzado con una precarización laboral dejando sus planes en suspenso y con unos salarios paupérrimos.

Muchos debieron retroceder varios pasos. Ceder terrenos ganados. Entregar torres y banderas. La crisis económica, causada por la pandemia, golpea duramente a la generación más hiperconectada de la humanidad, a los centennials o llamada generación Z, como se los conoce a los nacidos entre 1996 y 2010.

El coronavirus los ha obligado a zambullirse de lleno en un mundo virtual, impersonal, frío, abstracto, sin contacto personal, sin plazas, colegios y universidades para socializar. La pandemia colgó sus planes futuros, literalmente, en el aire y les da apenas un atisbo de respiro.

De acuerdo a datos de las Naciones Unidas, uno de cada seis jóvenes - entre 18 y 29 años - se quedó sin trabajo en América Latina y el Caribe desde el inicio de la pandemia, mientras que otros tantos vieron cómo sus empleos se hacían cada vez más precarios. Casi la totalidad de los estudiantes se vieron obligados a dejar sus estudios por falta de recursos o por la imposibilidad de seguirlos en internet. Es la olla o el libro.

En la mayor parte de la región, la entrada en el mercado laboral en busca del ansiado primer empleo, se torna en una tarea hercúlea. En Colombia, Chile y Perú los jóvenes salieron a las calles. El sistema los abandonó.

Las cifras son estremecedoras. La pandemia frenó en seco a millones de jóvenes obligándolos a renunciar a su independencia y volver a mudarse con sus padres, porque de repente se vieron sin trabajo. Un retroceso muy duro para ellos.

Según datos del Pew Research Center en julio de 2020, el 52% de los jóvenes adultos residía con uno o dos de sus padres. En el año 2010, esa cifra rondaba el 40% y en 2000 apenas rozaba el 36%. Esa franja de población, recién licenciados o profesionales en los inicios de sus carreras, de pronto les llegó su carta de despido.

Acá es donde entramos en una variable mucho más compleja: las secuelas de la pandemia en la salud mental de nuestros adolescentes. Según un informe del Centro de Prevención y Control de Enfermedades, uno de cada cuatro jóvenes consideró el suicidio como alternativa y tres de cada cinco han comenzado a tomar medicación para sobrellevar la depresión y el asilamiento. Ahora más que nunca los jóvenes nos necesitan para que no sean una generación perdida.

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