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La hora de la verdad

Maggy Talavera 18/10/2020 05:00

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Escribo estas líneas cuando faltan menos de cuarenta y ocho horas para que estemos de regreso a las urnas. Cuando se publiquen, estaremos todos yendo a votar, otra vez, para elegir al nuevo gobierno y a quienes nos representarán en la Asamblea Legislativa. 

Difícil prever qué resultado arrojará esta vez la voluntad popular expresada en el voto, a pesar de la abundante información generada por numerosas encuestas publicadas a lo largo de los últimos meses. 

Ya se sabe, aunque a muchos les conviene obviar el dato, que la única encuesta válida es la que se da el día en el que se realiza la elección. Hoy, en todo caso.

Lo que sí podemos anticipar es que hoy no se resolverán los principales problemas que nos agobian como nación. Es solo un paso, pero no el definitivo. Sí un paso importante, ya que dependiendo de la orientación que tome marcará el sentido y contenido de la nueva -o no tan nueva- hoja de ruta a seguir.

¿Habrá logrado esa mayoría de bolivianos que dice renegar de regímenes totalitarios o autocráticos, consolidar con su voto ese rechazo y dar inicio a un proceso que reconduzca al país hacia la recuperación de la institucionalidad democrática? ¿O se impondrá la minoría cohesionada en torno a un proyecto político a todas luces totalitario? Difícil prever el desenlace, repito. De todas maneras, cualquiera sea el resultado, es importante tener consciencia de que lo que vendrá después de este domingo no será nada fácil. En primer lugar, porque abundan los entuertos a ser corregidos en la administración del Estado.

No hablo solo de aquellos que han provocado distorsiones profundas en las atribuciones definidas por ley en cada uno de los niveles de decisión del aparato estatal, en todos sus niveles, sino también de tantos otros que permitieron la violación sistemática y brutal de los derechos humanos de cientos de miles de bolivianos. Errores y delitos que no acabaron en octubre pasado.

Como si no bastara ya semejante carga, habrá que ocuparse de otros problemas, que no son menores, pero que han sido soslayados sistemáticamente por quienes se turnan en el poder y por las elites políticas e intelectuales en general. Problemas que se hacen visibles cada vez que hay un proceso electoral en Bolivia, como los vistos ya en la campaña del año pasado, en la frustrada elección del pasado mes de octubre y, también, en la que nos ha tocado vivir este 2020. Me refiero a la cuestión regional, a la visión de país, a lo que se entiende por nación y por bolivianidad.

Por mucho que incomode a algunos, son temas a los que no podremos seguir haciéndoles lance a partir de ahora. Problemas que no solo confrontan a las regiones entre sí, sobre todo a las que están en una abierta disputa por el liderazgo político, sino que también están latentes dentro de cada región. Hablo de La Paz y Santa Cruz, por supuesto, pero también de lo que ocurre al interior de cada uno de los departamentos, y aquí incluyo a todos, a los nueve que hacen parte de Bolivia.

Pongo énfasis por ahora en Santa Cruz, porque no hay duda que es hoy el departamento de mayor empuje, de mayor crecimiento y, como dice Manuel Suárez, el que representa la entrada de Bolivia a la modernidad, a vivir el siglo XXI. Una constatación que es mucho más que un aparente elogio. Puede llegar a ser, incluso, una sentencia. ¿Estamos listos, como bolivianos, para encarar estos debates, estas tareas? Volcando la mirada a Santa Cruz, ¿está listo para encarar estos retos? ¿Qué estamos haciendo para abordar esta realidad, qué hemos hecho hasta hoy? ¿Tendremos opción de hacerlo? ¿Hay voluntad para avanzar en esta nueva ruta, con mirada renovada y que haga justicia a cada una de las regiones que son parte viva de Bolivia? Lamentablemente, la desidia en reconocer y encarar estos temas desde cada región, con visión nacional, ha contribuido en gran medida a que haga carne en muchos bolivianos, sobre todo en los históricamente marginados, una retórica política autoritaria, disfrazada de socialista y justiciera. Quiero creer que aún estamos a tiempo de corregir entuertos, de salir de los vericuetos en los que nos hemos dejado atrapar por ignorancia, dejadez o pura complicidad. Ojalá. Lo sabremos hoy, cuando ha llegado la hora de la verdad.