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La ilusión de la media cuarentena

21/3/2020 03:00

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Carmen Ortiz Gelinski - ECONOMISTA

Artículo presentado en diario El País de España de este jueves relata el crecimiento exponencial de los casos de Covid-19 en ese país. “Los casos pasaron de 2 a 100 en una semana, la siguiente, de 100 a 1.000 y de 1.000 a 4.000 en cuatro días”. Más o menos cada tres días se duplicó el número de infectados confirmados. Entretanto el mismo artículo menciona que el tiempo de duplicación no es inamovible. El éxito en la contención dependerá de cómo se comportan las personas en cuanto a las medidas de distanciamiento social, que reducen los contactos (cuarentenas, cierre de establecimientos educativos y teletrabajo). En Italia, el brote que comenzó en febrero registraba esta semana más de 40.000 infectados y arriba de 2.000 muertos.

Una cosa en común en esos países: ambos descuidaron la adopción temprana de medidas restrictivas, principalmente las relativas al distanciamiento social. Tanto es así, que el 2 de marzo, la Unión Europea sugiere a España que cancele los 77 festejos previstos en ocasión del día de la mujer. No solamente no los canceló, la propia ministra de igualdad española, Irene Montero, ya con síntomas del Covid-19, participó de los actos y distribuyó abrazos y besos por doquier. Días después, el diputado Javier Ortega Smith dió positivo, después de haber participado en un mitin en el que claramente aparecia abrazando a sus correligionaros entre una tosida y otra. La semana siguiente a esos eventos explota exponencialmente el número de casos en España.

En Bolivia el Decreto Supremo de Emergencia Sanitaria, presentado miércoles 18 de marzo por el gobierno de la presidente Jeanine Áñez, determina cuarentena entre las 18:00 horas y las 5:00 del día siguiente. Esa restricción, que aquí llamo de media cuarentena, aunque parezca dura para una sociedad movida por estrechos lazos familiares y de amistad, puede tener un reducido impacto delante de la voracidad del virus. Parece que las autoridades sanitarias no están aprendiendo con las lecciones que se pueden sacar de los casos europeos. En la rica región lombarda, hay dos ejemplos claros: Lodi y Bérgamo. Lodi implantó rápidamente una cuarentena más restrictiva que Bérgamo y las curvas epidemiológicas muestran la disparada de los casos en esta segunda ciudad, a pesar de ser su sistema de salud uno de los mejores de Europa.

Como bien indicó el economista Rodrigo García en su artículo publicado en diario El Deber del 19 de marzo, en Bolivia tenemos poco margen de acción, delante de nuestra baja disponibilidad de camas para cuidados intensivos. En otro artículo disponible en un portal de la internet, el propio García juntamente con Yara Rodríguez, (https://www.dropbox.com/s/if1xygw1pe65ek0/RGA_032020_Coronavirus_Bolivia.pdf) infieren que cuando aparece el primer muerto ya habría 49 personas infectadas, que no necesariamente estarán diagnosticadas.

El virus ya está circulando en el país, la cuestión es implantar medidas para minimizar el impacto sobre los servicios de salud. Si inicialmente las autoridades se mostraron tímidas, fue digno de mención el Decreto de Emergencia Sanitaria. Entretanto, carece de dictar medidas drásticas de restringir completamente las interacciones sociales. Creer que solo con reducir la jornada de trabajo se reduce el contagio es pasar a la población la sensación de que ella (aparte de los controles sanitarios individuales) está haciendo su parte correctamente. La posibilidad de poder circular y trabajar por las mañanas amplía las posibilidades de contacto entre las personas. Y aumenta también, la posibilidad de llevar el virus para los niños o universitarios sin clases y para los ancianos que están en casa.

No nos puede parecer pueril que muchos estados brasileros, a ejemplo de muchas ciudades por el mundo, hayan promulgado decretos permitiendo apenas el funcionamiento de farmacias, supermercados y gasolineras y hayan prohibido el transporte público. Incluso el gobierno inglés, reticente en cuanto a esas medidas, acabó rindiendose a las evidencias y decretó medidas parecidas. A pesar del fuerte impacto económico y social que eso pueda causar en Bolivia, las autoridades no pueden pasar a la población la impresión de que el virus está menos activo por las mañanas y que después del almuerzo podemos echarnos a dormir la siesta tranquilos.



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