Opinión

La impronta de Santa Cruz de la Sierra

26 de febrero de 2023, 4:00 AM
26 de febrero de 2023, 4:00 AM

La ciudad de Santa Cruz de la Sierra cumple 462 años de vida. Es un tiempo breve en el devenir histórico, pero se agiganta a la luz de lo que han conseguido los habitantes de esta urbe. La capital cruceña vivió relegada por el poder central desde sus inicios hasta el presente; los servicios y los avances han sido por mérito propio y se perciben como toda una conquista, dada la desatención del resto del país.

Santa Cruz de la Sierra fue fundada en una expedición de 158 hombres, al mando de Ñuflo de Chaves, quien después se preocupó porque el nuevo lugar sea poblado por migrantes que llegaron desde Paraguay. Durante su existencia, los habitantes de la urbe buscaron cómo salir adelante; especialmente después de la independencia de la República, donde el brillo del oro y la plata, primero, y el estaño después, hicieron que toda la atención del estado se concentre en el occidente de Bolivia.

A Santa Cruz de la Sierra nadie le concedió lo que sus propios pobladores le proveyeron: servicios básicos, pavimento en las calles, conexión vial con el resto del país, etc. Esa realidad marcó el carácter del cruceño que es emprendedor, que no se queda quieto cuando de suplir sus necesidades se trata. Y es ese sello lo que atrae a miles de migrantes del resto del país y de otros lugares más allá de las fronteras bolivianas.

Es esa misma característica la que hace que desde Santa Cruz nazca la lucha de lo que necesita todo el país: democracia plena, pacto fiscal, libertad para todos, respeto al derecho a protestar y a disentir, entre otras reivindicaciones. No son demandas circunstanciales pues tienen que ver con una vulneración de la esencia misma del cruceño (entendiendo que son cruceños los que nacen y los que adoptan a esta tierra como propia). Si ha luchado por producir la tierra y abrir mercados para su producción, se rebela si le ponen trabas a la exportación, especialmente desde un Estado que no estuvo en el momento más apremiante. Si luchó por la descentralización administrativa, la elección de prefectos y la autonomía, se rebela ante un fraude electoral o ante cualquier vestigio de autoritarismo que vulnere ese espíritu libertario que palpita en su alma.

Santa Cruz de la Sierra abraza a los bolivianos. A pesar del crecimiento no planificado y desordenado, en todos los barrios de esta capital se acoge al recién llegado, se lo colabora y se lo incluye. Esa grandeza del poblador no es correspondida por las autoridades municipales que, aprovechando la paciencia de los ciudadanos, tiene postergadas las reformas viales y de mercados, tiene los parques con la hierba crecida, las calles vacías, los centros de salud con carencias o las escuelas sin óptimas condiciones. Y es ese uno de los principales desafíos de este momento, que el pueblo sepa elegir a sus autoridades y sepa exigir que le den bienestar, más aún si se trata del municipio con mayores ingresos a escala nacional.

Si bien los cruceños acogen a los migrantes, aún es preciso que la élite dirigencial comprenda que ahora Santa Cruz de la Sierra es una urbe metropolitana y que la inclusión será la clave para seguir creciendo con calidad de vida, preservando el buen índice de desarrollo humano que se tiene y el espíritu colaborativo para salir adelante.

Santa Cruz, en sus 462 años de vida, tiene la madurez suficiente como para llevar la delantera de las iniciativas políticas y para hacerse responsable de sus ocho hermanos bolivianos. Lo importante es que sus líderes estén a la altura de semejante desafío, porque desde Santa Cruz se puede pensar a Bolivia y desde aquí se puede contagiar esa impronta libertaria y emprendedora que hace que las cosas sucedan.