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La industrialización por sustitución de importaciones

Gonzalo Chávez 1/11/2020 05:00

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Una de las propuestas económicas centrales del nuevo gobierno del presidente Arce es la industrialización por sustitución de importaciones.

En América Latina, a finales de los años 50 surgió el proceso de
sustitución de importaciones, probablemente la tentativa de industrialización y diversificación más seria llevada adelante en la región.

El diagnóstico de la época, fuertemente inspirado en las teorías de Raúl Prebisch, líder de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), era que nuestros países sufrían un deterioro estructural de los términos de intercambio con los países desarrollados. Es decir, que los precios de las materias primas que exportábamos, minerales en nuestro caso, tendían a reducirse, en cuanto los precios de bienes que importábamos de los países desarrollados, aumentaban. Entonces, al comerciar con los países ricos, cada vez pagábamos más caro por los productos manufacturados, pero recibíamos menos por nuestros recursos naturales.

Este era el origen de la desigualdad en el desarrollo. El centro capitalista cada vez más rico y la periferia subdesarrollada y pobre.

La solución es romper con este tipo de comercio desigual y comenzar a sustituir las compras caras y producirlas internamente. El modelo de sustitución de importaciones, que implicó una fuerte intervención estatal, alcanzó su auge en los años 70, especialmente en países como Brasil, México y Argentina, y en una menor escala en Bolivia.

Desde los años 40, la industrialización es vista como la vía para salir de la pobreza y buscar mejores niveles de desarrollo. Para unos, industrialización es una integración vertical; es decir, significa pasar de criar vacas a producir cuero y calzado. De producir minerales en bruto a elaborar lingotes o bienes más elaborados. Generar valor agregado en la misma cadena de valor. Para otros significa diversificación; en otras palabras, es ampliar la gama de bienes producidos por la economía. Se ofrecen carteras de cuero, relojes, heladeras o camisas.

En el país, nos concentramos en la definición de industrialización vertical que apuesta a generar valor a los recursos naturales. Bajo esa inspiración conceptual están las plantas separadoras de líquidos, la producción de urea y los proyectos petroquímicos para producir etileno y polietileno. También están los proyectos en la minería como el Mutún (hierro, acero, los que nunca avanzaron), Karachipampa u otros.

En la generación de electricidad se habla de varios proyectos: Entre Ríos, Misicuni, Cachuela Esperanza, San José, Miguillas, Bala, Río Grande, entre otros. En agroindustrial, se impulsa el ingenio azucarero de San Buenaventura. También tenemos los ejemplos de la fábrica de cemento y varios otros proyectos pequeños como: Boliviana de Almendras (EBA), la Planta Industrial de Bi-mate (Coca y Stevia), Empresa Pública Productiva Apícola y otras. Los resultados de esta vía de industrialización son precarios para decir lo menos y requieren de una evolución profunda. Hay mucha lectura ideológica, sobre la mayoría de estos programas, antes que datos.
Ahora se vuelve a la propuesta de sustitución de importaciones. Sospecho que pretende avanzar en una industrialización entendida como diversificación y no sólo de integración vertical.

Esta nueva etapa sin embargo se da en un contexto de escasez de recursos estatales y en una profunda crisis recesiva. Por lo que sería interesante un debate sobre el tema. Formuló algunas preguntas, macroeconómicas y de política industrial, para comenzar el análisis: Perspectiva macro: ¿Es posible realizar sustitución de importaciones en una economía muy abierta y donde el contrabando es muy alto? ¿Es viable una estrategia de sustitución de importaciones en un país donde el tipo de cambio real está muy apreciado? Es decir, ¿dónde el dólar barato incentiva la compra de productos externos? ¿Es posible hacer ajustes macroeconómicos, especialmente fiscales, y promover industrialización al mismo tiempo?
Interrogantes de política industrial: ¿No será que en estos tiempos de avance de la economía digital es mejor apostar también a la industrialización de los servicios? ¿No será que Bolivia salta de la primera a la cuarta revolución industrial a saber: servicios financieros, comerciales, turísticos, tecnológicos, gastronómicos, ingenieriles, médicos, de transporte, de comunicación, de software, ¿energía alternativa y otros? ¿Es enloquecido pensar en La Paz, Potosí, Sucre y Oruro generando 1.000 millones dólares en turismo y gastronomía? ¿Turco, la capital mundial de los camélidos, exportando 300 millones de dólares en carne de llama? ¿400 millones de dólares en software desde Cochabamba? ¿500 millones de dólares en biotecnología y biodiversidad en Santa Cruz, Beni y Pando? ¿Juntar la producción de energía solar y eólica, con economía digital y la minería del litio para generar 1.500 millones de dólares?