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La infantilización pandémica

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Llevamos más de un año, escuchando cada noche en los medios televisivos, después del informe de registros de casos de la Covid-19, las mismas recomendaciones. ¿A qué audiencia se dirige este discurso que precisa repetir y regañar tanto? Se dirige a nosotros, los televidentes, tomándonos en posición infantil.

¿Qué es un infante? La palabra infancia, viene del latín “infans”, “in”-que es una negación, y fans, basado en el verbo “for” (hablar, decir), “el que no habla”. La palabra “infancia” deriva del latín (infantia) equivalente a incapacidad de hablar. El infans entonces, es alguien sin derecho a la palabra. Así, el niño es el sujeto a educar, a dirigir, es aquello que debe ser conducido. Pregunto: ¿no se han sentido así en estos días de coronavirus?

Las frases que venimos escuchando: “Las cifras se siguen elevando, y van a seguir creciendo si no hacemos caso de no salir, de usar barbijo y mantener la distancia social”. “Como hay gente que no entiende vamos a volver a la cuarentena rígida, a endurecer el control y la multas”. “¡No más contagios por favor, se lo pedimos!”. “Hablamos con la autoridad moral de quienes estamos trabajando día y noche”. “¡La policía y el ejército, harán un control más estricto, porque no entienden que deben quedarse en casa!”, etcétera y etcétera.

El discurso oficial supone una población que no sabe, ignorante de su propio bien, a la que le habla como a hijos desobedientes, indisciplinados y sin memoria, a los que atemoriza y amenaza: “…están circulando nuevas variantes, más rápidas y más letales”. No consulta, ni escucha a la población, solo quiere cuerpos disciplinados. Una política de infantilización pandémica, puesto que no habla al adulto. La palabra adulto viene de adultus, que significa completo, eterno. Entonces, el discurso oficial, al privarlo al adulto de la palabra o ni siquiera considerar su opinión, se dirige a éste, pero en posición de niño: el incompleto, el inmaduro, el que no sabe ni puede saber. Discurso paternalista que supone, que, por repetir recomendaciones sin cansarse, ante la dificultad de trabajar y hacer con la población, ésta va a obedecer.

Para cerrar, me pregunto y le pregunto al lector de este artículo: ¿Cómo quiere ser tratado?



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